La directora presentó su nueva película en el ciclo Las Venas Abiertas del 34º Festival de Cine de Mar del Plata. Una historia sobre brujas y desapariciones de niños dentro una atmósfera de amenaza constante. Por Bruno Calabrese.

Luego de sorprender dentro del cine de terror con “Clementina”, su primer película, donde aborda la violencia de género con una original propuesta sobre apariciones fantasmales, Jimena Monteoliva vuelve al ruedo con un interesante film sobre el submundo de las adicciones a las drogas y la trata de mujeres.

Con una secuencia de animación simple, pero visualmente bella la película empieza contando la leyenda de La Hilandera, una bruja que se dedicaba a secuestrar chicas dentro de un pueblo. Asesinada por los habitantes, su espíritu se convirtió en un dragón que logró sobrevivir y escapar. Durante años, muchas niñas del pueblo fueron desapareciendo. Una de ellas es Elena (Justina Bustos), quien reaparece ya adulta, y es llevada por su hermano médico, Facundo (Guillermo Pfenning) a vivir con él, su mujer y sus hijas, a la vieja casa donde sus padres fueron asesinados y ella fue secuestrada.

La aparición de Tarugo ( un genial Luís Machin) en las afueras de la casa, un siniestro personaje que vive en las alcantarillas y cuyo rol se irá develando con el correr de los minuto, hará que la película gane en suspenso. De a poco se irá develando que sucedió con Elena mientras estuvo desaparecida y que tuvo que ver este ser en la vida de ella en cautiverio.

La película es muy climática, logra mantener al espectador atrapado gracias a la estructura argumental que hace la directora de una historia que empezó como una pesadilla de Diego Fleischer y se terminó convirtiendo en una atrapante historia de terror.

Con una destacada forma de retratar los bosques que rodean la casa y el vestuario para dar vida al perfil de cada uno de los personajes (la familia de Facundo con vestidos blancos impecables y los habitantes del submundo rotos y sucios), la película logra describir de manera eficiente la diferencia de los dos mundos. La dirección de arte es impecable  la hora de construir ese submundo que está por fuera de las rejas, al que Elena perteneció y siempre es tentada a volver pero que luchará para no hacerlo. Sumado a la aterradora caracterización de La Hilandera dentro de ese capullo blanco hacen le dan a la película el marco ideal.

Justina Bustos, en el rol de Elena, muestra su versatilidad para interpretar distintos personajes, esta vez dentro del género del terror. Al igual que Guillermo Pfenning como Facundo, el hermano que lucha por recuperar a su hermana pero a la vez se arriesga al poner en peligro a su familia. Cecilia Cartasegna (quien ya se había destacado en Clementina) compone perfecto el papel de mujer acartonada, de esposa perfecta que ve el peligro en Elena pero acepta el pedido de su marido. La sorpresa la dan las pequeñas Valentina Goldzen y Maitena Dionisi, quienes hacen una trabajo excelente, en una película arriesgada para niños. 

“Matar al dragón” no se queda en el relato simple de terror, también contiene metamentajes complejos, sutilmente incorporados en el relato, pero que están ahí. Una historia sobre la división de dos mundos, uno de seres ocultos y encerrados dentro un ámbito de drogas y pobreza, con otro que se encierra tras las rejas en su mundo pulcro y de aparente perfección. Otra agradable sorpresa de una directora que viene pisando fuerte dentro del género.

Puntaje: 80/100.

 

 

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