“El susurro” de Gustavo Hernández. Crítica.

De los productores de “Cuando acecha la maldad”.

El inicio de año sorprendió con unas carteleras de cine del más alto nivel. Un verdadero deleite para los fanáticos del cine de género. Se estrenaron “Exterminio: el templo de huesos”, la semana pasada “La virgen de la tosquera” y ambas siguen en cartelera. La frutilla del postre es el estreno de esta semana, “El susurro” de Gustavo Hernandez. Tras un exitoso paso por el Festival de Sitges y el Buenos Aires Rojo Sangre, llega a las salas de cine este 22 de enero. 

Huyendo de su padre violento, Lucia y Adrian llegan a una mansión abandonada que les dejó su madre. Escondida en un lugar inhóspito, nadie podrá encontrarlos. Salvo por una red de secuestradores que realizan videos snuff y por la maldición familiar que todo el tiempo les pisa los talones. 

Podríamos decir que comienza de manera misteriosa, con un prólogo que busca engañar al espectador. Tratando de desviar sus premoniciones mezclando subgéneros como el home invasion o algunos vicios ocultos de los thrillers. Sin embargo, lentamente se ordena y cuando realmente muestra sus cartas se convierte en una película hipnótica.  

Un despliegue técnico de alto nivel, hace que pueda pasar por varios géneros sin problema alguno. Sumado a las actuaciones de Ana Clara Guanco y el pequeño Marcelo Michinaux, que demuestran una gran química y entendimiento. Por otro lado, un terrorífico Luciano Cáceres, de todas sus incursiones en el cine de género, esta es la más aterradora.   

En el momento en que  “El susurro” de Gustavo Hernandez despliega su verdadero arsenal y abandona los caminos adyacentes que abre para despistar, se convierte en un gran producto. Esa mezcla entre “Near Dark” (1987) de Kathryn Bigelow y “8 milimetros” (1999) de Joel Schumacher es sumamente interesante. 

Francisco Mendes Moas

Estudio, hago y escribo sobre cine. Mi relación con el séptimo arte siempre peligra con convertirse en una peligrosa adicción.

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