“Winnie the Pooh: Miel y sangre” de Rhys Frake-Waterfield.

“¡Soy bajo y gordo y estoy orgulloso de eso!” Winnie Pooh.

Pasada cierta cantidad de años posteriores a la muerte de un autor o sus herederos, los derechos de las obras pasan a dominio público. Esto significa que cualquiera puede hacer lo que tenga ganas con la obra en cuestión. Esto es lo que le pasó a Winnie the Pooh, Rhys Frake-Waterfield ni lerdo ni perezoso vio una oportunidad y la tomó. Así nace algo del calibre de “Winnie the Pooh: Miel y sangre”, película que se estrenó el jueves pasado en todos los cines. 

Christopher Robin creció y se fue a la universidad. Como no había ninguna cerca de su casa, se vio obligado a abandonar el bosque de los 100 acres y a sus amigos. Esto volvió locos a los pequeños animalitos. Con el tiempo abandonaron su humanidad y decidieron jamás volver a hablar. Mientras, el odio por todo lo que fuera humano se incrementó exponencialmente. 

Pareciera que el mayor riesgo que propone la película se encuentra en el título. No llega a ser lo suficientemente extrema en niveles de violencia o gore, por no decir que carece de terror, ni lo suficientemente autoconsciente de ser mala como para reírse de sí misma. Por lo que se tornó lenta, aburrida y predecible. Winnie the Pooh asesino es muy tonto y poco diestro en su tarea, haciendo que Piglet haga todo. Y las víctimas parecen haber intercambiado sus cerebros con las versiones infantiles de los dibujos animados.   

Sin embargo, se encuentra un placer viéndola que no se alcanza con otras películas. Gritarle a la pantalla solo porque las víctimas no paran de tomar una mala decisión tras otra, casi como si tomaran alcohol y barbitúricos. O pensar que la casa se encuentra iluminada por Edesur, ya que nadie puede prender una sola luz. Son las razones por las cuales uno ve producciones como “Winnie the Pooh: Miel y sangre” de Rhys Frake-Waterfield. Pero esto solo sirve para pasarlo bien unos instantes, esperemos que la segunda parte tenga algo que proponer.

Calificación

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Sin embargo, se encuentra un placer viéndola que no se alcanza con otras películas. Gritarle a la pantalla solo porque las víctimas no paran de tomar una mala decisión tras otra, casi como si tomaran alcohol y barbitúricos. O pensar que la casa se encuentra iluminada por Edesur, ya que nadie puede prender una sola luz. Son las razones por las cuales uno ve producciones como “Winnie the Pooh: Miel y sangre” de Rhys Frake-Waterfield. Pero esto solo sirve para pasarlo bien unos instantes, esperemos que la segunda parte tenga algo que proponer.

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Francisco Mendes Moas

Estudio, hago y escribo sobre cine. Mi relación con el séptimo arte siempre peligra con convertirse en una peligrosa adicción.

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