“Sorda” de Eva Libertad. Crítica.

Estreno en MUBI.

Desde el pasado viernes ya se encuentra disponible en MUBI Sorda, la ópera prima de Eva Libertad. Tras su paso por los festivales de Berlín y San Sebastián, la película llegó acompañada de muy buenas repercusiones y obtuvo los premios Goya a Mejor Dirección Novel, Mejor Actriz Revelación y Mejor Interpretación Masculina de Reparto. Protagonizada por Miriam Garlo, Álvaro Cervantes, Elena Irureta y Joaquín Notario, la historia sigue a Ángela, una mujer sorda que, junto a su pareja oyente Héctor, atraviesa la llegada de su primera hija. Lo que en un principio parece una nueva etapa en sus vidas pronto se convierte en un profundo conflicto alrededor de la maternidad, la comunicación y el miedo a criar a una hija en un mundo pensado para quienes oyen.

Uno de los mayores aciertos de la película está en las interpretaciones y en un guion que nunca necesita exagerar los conflictos para que resulten conmovedores. La relación entre Ángela y Héctor se construye desde situaciones cotidianas y son justamente esos pequeños momentos los que terminan revelando las diferencias entre ambos. La película no busca convertir la sordera en un discurso, sino mostrar cómo atraviesa cada aspecto de la vida diaria, incluso aquellos que para la mayoría pasan completamente desapercibidos.

Pero el gran protagonista termina siendo el trabajo sonoro. Durante buena parte del film, aunque la historia siga a Ángela, el espectador continúa habitando el mundo oyente. El sonido del agua, los pájaros, los golpes sobre una mesa, la música, un brindis, una cortadora de pasto o el llanto de un bebé construyen un paisaje sonoro tan natural que rara vez nos detenemos a pensar que la protagonista no está percibiendo nada de eso. La película nunca lo subraya; simplemente deja que esa diferencia exista y que el espectador la naturalice.

Es recién hacia el final cuando esa lógica cambia por completo. Durante un lapso el sonido desaparece y la película adopta la perspectiva de Ángela. Ese cambio coincide con el momento de mayor quiebre emocional de la historia y obliga al espectador a experimentar, aunque sea por un instante, la realidad de la protagonista. El efecto resulta especialmente potente porque deja en evidencia que, hasta ese momento, incluso acompañando a un personaje sordo durante toda la película, la mirada seguía perteneciendo al mundo oyente. Es una decisión tan sencilla como inteligente que termina resignificando todo el recorrido anterior.

A lo largo del film también aparecen muchas de las dificultades cotidianas que implica desenvolverse en una sociedad diseñada para quienes oyen. Desde seguir una conversación cuando varias personas hablan al mismo tiempo hasta la angustia que genera la maternidad al preguntarse cómo escuchar a un bebé llorar o cómo despertarse durante la noche. Sorda nunca transforma esos conflictos en golpes bajos, sino que los incorpora con absoluta naturalidad, invitando al espectador a observar una realidad que pocas veces encuentra este nivel de sensibilidad en el cine.

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