Se estrena “Cuatro estrellas”

Una red de afecto frente a la exclusión en la Buenos Aires de los 90

Ambientada en la densa atmósfera del Buenos Aires de 1995, la nueva producción de Pablo Stigliani, “Cuatro estrellas”, se erige como un estudio sociológico y afectivo sobre la marginalidad. En un contexto histórico signado por la precariedad económica, la película explora la construcción de identidades que hallan refugio en la “Familia elegida” frente a la hostilidad del entorno. Esta premisa se articula en torno a Lila, Ámbar, Lisete y Marcela, trabajadoras sexuales que conviven en un PH compartido. 

El relato profundiza en la capacidad de estas mujeres para agruparse como un núcleo familiar sólido, convirtiendo su hogar en un espacio de resistencia frente a los prejuicios, la discriminación y la exclusión que imperan en el mundo exterior. Así, la supervivencia trasciende lo material para sostenerse en lo emocional.

A partir de esta convivencia, Stigliani —cuyo cine se sitúa históricamente en los márgenes sociales (“Bolishopping”, “Romina Smile”)‌— logra una narrativa que se aleja de los lugares comunes para construir una historia profundamente humana, despojada de juicios moralizantes. Su cámara, inquieta y recurrente en planos cortos, enfatiza la subjetividad de los personajes, capturando la fragilidad de sus expresiones en la intimidad y evitando los estereotipos habituales del género.

No se trata, por tanto, de un registro meramente documental. El enfoque de la dirección privilegia la sororidad y el humor como mecanismos de defensa frente a la hostilidad sistemática. El PH funciona como un limbo donde lo cotidiano se vuelve un acto de reafirmación política y afectiva ante una sociedad que intenta invisibilizarlas.

Sin embargo, este equilibrio se altera cuando el relato sufre un quiebre estructural tras la muerte de Lisete (Mila Jaimes) y el alejamiento de Marcela (María Fernanda Callejón). Estos eventos fuerzan a Lila (Ulises Puiggrós) y Ámbar (Romina Escobar) a enfrentar una nueva forma de soledad. Es en este punto de inflexión donde el guion profundiza en la dialéctica entre el deseo y la realidad social.

Lila, además de su actividad como trabajadora sexual, es cantante amateur. Sobre el escenario, con el micrófono y la potencia de su voz, encuentra un espacio de felicidad absoluta, aunque su presente está confinado al cabaret de su posesivo amante, Víctor (Jorge Sesán). Su sueño de dedicarse por completo al canto personifica una pulsión de vida que resiste al entorno. En este sentido, la escena donde interpreta “El amor de mi vida” representa las utopías personales que persisten a pesar de la marginalidad.

Como consecuencia del vacío dejado por la tragedia, la irrupción de Miriam (Ana Celentano) funciona como el catalizador para la reconfiguración de sus destinos. Al presentarse como una figura ligada al pasado de Lisete, su aparición permite que la película proponga una reflexión sobre la resiliencia en un mundo donde las estructuras tradicionales fallan, sugiriendo que solo los vínculos genuinos permiten la continuidad.

En conclusión, “Cuatro estrellas” es una obra necesaria que combina la crudeza del realismo social con una sensibilidad humana. El film, que llega a los cines este 7 de mayo, interpela al espectador sobre la validez de las segundas oportunidades en una sociedad que a menudo relega estas historias al olvido. En definitiva, la película nos recuerda que, incluso en el rincón más oscuro del margen, estas cuatro estrellas nunca dejan de brillar con luz propia.

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