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“Mi última aventura” de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini. Crítica.

La cámara al servicio de la narrativa.

El cortometraje ganador del gran premio de la Competencia Internacional del BAFCI 2021 se presentó ayer en la apertura del Festival de Cine Internacional de Cosquín (FICIC).

Dos amigos treintañeros y una moto son los principales protagonistas de este magistral cortometraje, junto a la ciudad que los vio crecer entre bares, música y cervezas. Territorio que se convierte en testigo de esa noche, de un nuevo plan , con un aire especial de despedida.

La cosa es así, el pelu (Octavio Bertone) tiene una idea que busca llevar a cabo con la ayuda de su amigo Jandro (Ignacio Tamagno). Cada uno de ellos debe cumplir con una tarea, para luego repartirse el botín. Si todo sale como lo planearon sus vidas cambiarán, aunque sea por un tiempo. Desde el inicio queda claro el lugar de protagonismo de pelu, autor de este tipo de proyectos y el papel de Jandro, aquél que actúa siempre “haciendo la segunda”. Sin embargo, un oportunidad de cambiar los roles se hace presente.

“Mi última aventura” es una narración en donde conviven varias historias: la de una amistad, la de una traición, la de un robo, pero sobre todo la de un relato ligado a los recuerdos de adolescencia y ese transitar por las mismas calles con sus plazas y negocios, entre luces y sombras, que fueron la compañía de estos dos inseparables compañeros de vida, hasta la adultez.

 

De esta manera, los realizadores crean dos personajes puros y reales, que exponen su vida interior reflejando su alma. Cada uno de ellos, con sus gestos, miradas y actitudes libera en cada reacción y en cada palabra su propia esencia.

Por lo tanto, cabe destacar la importancia en la combinación exacta de algunos elementos, cuyo encuentro combinado provoca una infinidad de reacciones, como los ruidos y las miradas, la iluminación y los distintos matices de un escenario tan particular y sobre todo la gran implementación de la música logrando organizar las escenas, así también como otorgando un mayor sentimiento a cada imagen.

En conclusión, una obra de cine puro, en donde la dupla de talentosos y cinéfilos directores: Salinas-Sonzini, necesitó tan solo quince minutos para desarrollar una ficción en donde se esgrimen todas las herramientas del lenguaje cinematográfico, brindando como resultado, una pequeña gran obra maestra.

 

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Una película en donde dos amigos buscaran dar un golpe que les cambie la vida, pero a la vez será su ultima noche en la ciudad que los vio crecer.

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