
Dos parejas que buscan relajarse y “sanar”, se van un fin de semana a una isla del Delta. En ella, se topan con el “dueño” y su socio, quienes no son quiénes parece ser. No solo deben lidiar con el peligro de muerte que implican los anfitriones, sino que también con sus miedos internos y sus problemas de pareja.
La película tiene una gran cantidad de argentinidad, no solo por su lenguaje coloquial y las escenas donde de aprovecha a fondo las inmediaciones del Delta, sino porque tiene una gran dosis de humor que merma muy bien y atinadamemte con el terror que implica la lucha por sobrevivir en un lugar lejano y sin comunicación. Se muestra con un estilo lejos de querer revolucionar el cine de terror pero si con una gran cuota de argentinizarlo.
Desde lo escénico, como se mencionó, se usa muy bien las cabañas del Delta y el modo de grabación/edición le rinden un buen homenaje a las películas clásicas del género. Musicalmente muy tensionada, la producción busca de todas maneras, cuando hay un momento de suspenso, adentrar al público hasta el máximo y transmitir los nervios de los y las protagonistas. Forma parte del slasher, subgénero del terror que tuvo su explosión en la década del 80 en Estados Unidos. Por eso también se explica la mezcla entre humor y terror.
El elenco lo conforman: Jimena Grandinetti, Lara Crespo, Ariel Gangemi, Juan Ignacio Pagliere, Guillermo “Walas” Cidade, Emilio Agazzi, Alicia Martínez, Néstor Somma y José Luis Arias, entre otros/as.
Una producción de terror con todos los condimentos, del subgenero de donde proviene y del país donde se produce. Una combinación bien encontrada y para nada forzada.




