Entrevista a Miguel Ángel Solá: “Hace mucho tiempo que venimos en caída porque confiamos en quienes nos traen mala suerte”

Reconocido por su trayectoria en cine, televisión y teatro argentino, Miguel Ángel Solá deslumbra en esta entrevista con su naturaleza actoral y su compromiso político-social, compartiendo detalles de su trabajo en “Mi querido presidente”.

En exclusiva para Cine y Teatro Argentino Hoy, Solá revela los entresijos de su personaje en Mi querido presidente y elogia a su compañero Maxi de la Cruz. El actor revela cómo, junto a su dupla, construyeron un personaje alejado de la demagogia y de los vicios habituales de la política. En esta línea, reflexiona sobre la situación actual y cómo encontró al país tras su regreso.
Edición: Andrea Reyes

En la obra, el flamante presidente de la República, interpretado por Maxi de la Cruz, enfrenta un obstáculo inesperado y hilarante: una picazón incontrolable en la nariz justo antes de su discurso de asunción. Para solucionarlo, recurre al prestigioso psiquiatra que encarna Miguel Ángel Solá, dando inicio a un duelo verbal y psicológico lleno de ingenio, revelaciones y choques de egos.

En esta entrevista, Solá nos cuenta cómo se preparó para este papel, los desafíos de interpretar al asesor del mandatario y cómo construyó junto a su dupla un personaje político distinto, divertido y crítico.

-Has explorado muchos géneros a lo largo de tu carrera, pero ¿cómo fue volver a la comedia inteligente?

-Fue una feliz idea de Gustavo Yankelevich, apuntalada por la insistencia de Marcela La Salvia, Directora Técnica del Teatro Colón. Me trajeron y conocí a Maxi, un actor impresionante y compañero encantador en todos los sentidos. Ya estoy disfrutando de la segunda temporada y de las risas del público, incorporando ese “tercer personaje” que necesita la obra: el público, que nos deleita, divierte y permite jugar.

-El público argentino necesita la risa y la comedia más que nunca. ¿Cómo fueron los ensayos con Maxi, teniendo en cuenta que las primeras lecturas del guion fueron diferentes?

-Sí, fue muy lindo. Nos juntamos con Maxi y Max Otranto, el director, quien también es una delicia como persona y compañero de trabajo. Propusimos hacer el primer ensayo por Zoom; yo no conocía a Maxi y se preparó para ese encuentro como si fuera el estreno de la obra. Hacía mucho tiempo que no veía a un actor tan entregado en su trabajo, y lo amé desde el primer momento. Esa química se ve en el escenario, lo que más resaltaron los críticos y espectadores. Se vuelven locos con nuestras formas de encontrarnos en el trabajo; no hay espacios muertos entre nosotros. No existe ningún momento que no sea aprovechado por la creatividad de uno u otro. Es muy bonito trabajar así.

-Esto que decís lo confirmo porque vine a una de las primeras funciones del estreno. Esta segunda temporada, ¿hasta cuándo seguirá?

-Seguimos hasta el 16 de noviembre. Después, Maxi empezará a trabajar en otro título, que seguro le irá muy bien porque se nota su calidad como actor. Yo, en tanto, me dedicaré a buscar otra obra de teatro más a mi estilo, y creo que intentaré hacer algo con Manuel González Gil (dramaturgo, productor, adaptador y director de teatro argentino).

-¡Qué notición!

-Sí, me quedo en Argentina.

-Con respecto al guion, ¿tuvieron oportunidad de aportar ideas y jugar con los personajes? ¿Cómo fue ese proceso creativo desde la mirada del actor?

-Max nos incentivó mucho al juego; lo que quería era que no dejemos de jugar. Además, se divirtió mucho y, incluso en los momentos de la obra donde no vuela una mosca, combina reírse a carcajadas con silencios que impactan. Fuimos llevando la obra hacia ese destino, y tanto Maxi como yo lo queríamos.

Estamos acostumbrados a los presidentes garcas, necesitábamos impulsar otra forma de político, otra manera de conectarse con la gente. Esta obra está muy inteligentemente escrita, pero trata de evadir el tema político todo el tiempo. No es que nosotros incorporamos el tema político, sino que hacemos hincapié en lo social: en la verdad y en la mentira.

Este presidente no dice su verdad hasta la última frase, y siente miedo porque la política lo aleja de sus primeros sueños, de por qué se convirtió en político, cuáles eran sus ganas de cambiar el mundo, y cómo merecería ser transformado, porque solo nosotros podemos convertir lo que es en lo que podría ser. Entonces dijimos: “¿Y si nos lanzamos por ahí?”.

De a poquito, como trabajo de hormiga, fuimos construyendo algo que no tuviera nada que ver con la demagogia, ni con el chorro o garca al que estamos acostumbrados en política. Así nos encontramos con una obra en la que la gente responde a eso, y por fin puede decir su discurso final completo desde el alma y el corazón.

-Como bien destacás, la obra está armada inteligentemente e invita a la reflexión cuando se baja el telón…

-Las comedias, por lo general, son una mascarada para distraernos de lo que nos pasa. Está bien, necesitamos respiros; pero mientras más respiros tomamos, más los sinvergüenzas nos roban y nos despojan de nuestras ilusiones. Yo sigo creyendo en el teatro que incomoda y que impulsa a la gente a moverse, a no pensar solo lo que le dicen que debe pensar. Estamos en momentos muy álgidos en el mundo, y los únicos que podemos cambiar este derrotero somos los seres humanos.

-Miguel, vos que venís de España, ¿cómo ves a los argentinos hoy en términos de sociedad, cultura y educación?

-Hace mucho tiempo que venimos en caída. Desde que nací hasta ahora, siempre viví crisis en Argentina, pero no hay que hacer que lo que no es natural se transforme en natural. Siempre estamos a tiempo de revertirlo. Lo que pasa es que aquellos en quienes depositamos nuestra suerte a menudo nos traen mala suerte. Por eso, primero debemos aprender a decir que no, y luego a elaborar nuestro sí.

Tengo 75 años, quizás no lo vea, pero los de 20, 30 o 40 años tienen todo el derecho de vivir un país resurgiendo de sus cenizas. Argentina es una sociedad que no puede olvidar la enorme riqueza cultural que ha tenido. No existe en el mundo un país que no se agrupe por la cultura, y nosotros tuvimos abundancia de talento; hoy contamos con capacidades enormes y talentos en todas las áreas culturales. No podemos desperdiciarlo.

Javier Erlij

Licenciado en Periodismo, Profesor para la Enseñanza Primaria, Técnico en Periodismo, Critico de Cine. CEO de Cine Argentino Hoy.

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