Si tuviera que definir la obra con una sola palabra, sin dudas, sería belleza, Es una propuesta bella, pero en el sentido amplio, o el sinónimo que se les pueda ocurrir. Es de excelencia en cuanto a la calidad técnica y lo particular de tratarse del teatro negro. El Kolectivo Romanelli llega, desde Uruguay pero, con la experiencia de presentarse en varios países y con una puesta ambiciosa desde la infraestructura y la cantidad de actores/técnicos en escena. Pero todo eso se develará recién al final del acto. Eso le da un toque mágico, la magia necesaria para que el teatro siga emocionando. Y no solo a los más pequeños, pero sin dudas son los que más capacidad de asombro tienen y no se encuentran tratando de buscar el “error” o “la explicación” racional a lo que están viendo. La obra, en sí, propone eso. Volver a mirar con ojos de niño, las cosas que hemos olvidado cuidar. Desde el propio interior a la naturaleza, con los bosques y los ríos, pero no se trata de un mensaje ecologista solamente. Es, en cambio, una defensa ante la lógica actual de la inmediatez a toda costa.

La historia comienza con dos amigos, uno que está apuradísimo por conocer a las craturas que defienden el bosque y “Ozu” (tal vez uno de los personajes más tiernos) quién va más lento pero que, gracias a esto, llega a “ver” a todos los guardianes. A su paso podemos conocer a quienes cuidan (inspirados en leyendas orientales) del bosque, los animales, los ríos y toda la naturaleza. Nos encontraremos con depredarores, jinetes de venados, dragones, titanes (de hasta 5 metros) y en algunos casos el público se va entremezclando con el escenario y la búsqueda de estas criaturas realizando algunos llamados. Por cierto muy destacable el cuidado con el que están realizados los personajes, con las luces y demás elementos. Un nivel de detalle que sorprende.

El teatro negro y su efectividad. Debido a que el ojo humano no puede ver el negro sobre el fondo negro, ahí ocurre la magia. Los actores se visten por completo de este color para volverse invisibles en el escenario oscuro mientras van presentando a las criaturas y demás personajes. El sonido es otro de los grandes elementos de esta puesta porque la historia contada atrapa, sumado a la música y los sonidos de los pájaros, cascadas o demás efectos. Las luces del escenario también tienen un rol preponderante y da una sensación de estar como un partícipe más de este mundo mágico. Silbando, chasqueando los dedos o solo observando, ya que la vista, que al principio le costará un poco, luego de un tiempo se acostumbra al oscuro total y va notando todo el detalle que la obra ofrece.
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