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“El imperio de los sentidos” de Nagisa Ōshima. Crítica.

La pulsión sexual, el deseo y la pasión.

El 16 de septiembre llega a los cines, en versión remasterizada en 4K y para conmemorar sus 45 años, “El imperio de los sentidos”, la película de culto japonesa realizada en 1976. Obra, que revolucionó el arte cinematográfico, por sus escenas de sexo explícito. Razón por la cual debió soportar la censura, en medio de recortes y prohibiciones de varios países, entre los que se incluye su lugar de origen.

Su realizador, Nagisa Ōshima fue el representante más importante de la camada de directores vanguardistas, dentro del llamado nuevo cine japonés de los años 60. Autor de películas con una mezcla estética entre documental y surrealista.

Un cineasta innovador, que se preocupó no solo por retratar la rápida industrialización y occidentalización de Japón, sino también por impulsar un compromiso político, que según su opinión, se encontraba carente en los films de directores clásicos japoneses de ese entonces.

Sus creaciones, se destacaron por reflejar a una juventud alienada viviendo en los márgenes de la sociedad. De esta manera, instó en rechazar los métodos tradicionales del cine japonés, construidos por las bases del naturalismo y el melodrama. Buscando así, infundir en sus películas la idea de que mediante el arte del cine, podía  generar conciencia y estimular un cambio social.

Al tiempo que experimentaba con sus estructuras formales y narrativas, mantenía un gran interés por los personajes marginales, remarcados en dos de sus trabajos más conocidos, “Violencia a pleno sol” de 1966 y “Murió después de la guerra” de 1970.

Para llegar luego a su obra más exitosa, “El imperio de los sentidos” en 1976. Film aclamado por la crítica, que lo catapultó hacia la fama internacional.

Una controvertida historia, basada en hechos reales, acontecida en Japón, años antes del inicio de la segunda guerra mundial, sobre la relación entre una prostituta y el dueño de un burdel. Un romance apasionado, en donde la obsesión sexual de ambos, sobrepasa todo tipo de límites. Una mezcla, casi de pornografía sexual y violencia sadomasoquista.

Un relato visceral, narrado con un estilo transformador, desde su puesta en escena y en una época de innovación en el arte, pero que a diferencia de otros movimientos cinematográficos del momento, colocó el foco en el sexo como su principal camino de cambio en un mundo despojado de toda esperanza.

Así, Ōshima construyó una exposición eficaz, provocadora y de gran impacto, sobre un amor obsesivo, en donde la pulsión sexual lleva a ambos personajes a explorar una diversidad de juegos sexuales de lo más extremo.

Retratados de forma seca y directa, sin movimientos de cámara, sino por el contrario enmarcándolos de manera fija y frontal. Otorgando así, una tensión espontanea que se torna cada vez más intensa, llevando a los protagonistas al límite de lo humanamente soportable. Una película, que parece deslizarse entre el instinto y el raciocinio, pero en donde finalmente vence la pasión.

Disponible en las siguientes salas:        

CINEMARK PALERMO 

CINÉPOLIS RECOLETA  

ATLAS PATIO BULLRICH   

MULTIPLEX BELGRANO   

CINE LORCA   

CINEMA PARADISO  – LA PLATA  

CINES DEL CENTRO  – ROSARIO 

Calificación:

SAM 18

Duración:

102 min.

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Un cásico del cine japonés, en donde una prostituta y el dueño de un burdel, se embarcan en una relación de lujuria y obscenidad, que alcanza a traspasar todo tipo de limites.

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