André Masson (Alex Lutz) es un subastador de arte de la famosa casa de subastas Scottie´s y recibe una carta que indica que descubrieron un cuadro de Egon Schiele que se imaginaba destruido por los nazis. El hallazgo es de un trabajador de una fábrica que hace el turno noche (Arcadi Radeff) y vive con su madre, en Mulhouse, una ciudad de 100.000 habitantes de Francia limítrofe con Alemania.

André primero descree de la veracidad de la pintura, ya que hace 30 años no se vé un cuadro de este tipo, pero al verlo junto a su socia y ex-esposa (Lea Drucker), comprueban que es auténtico. La abogada del trabajador (Nora Hamzawi) es quién contacta a los especialistas y vela por la retribución de su defendido. El otro personaje relevante es la pasante que ayuda a André (Louise Chevillotte) quien tiene muchos problemas familiares y psicológicos en su vida con los que lidiar, sumado además que debe soportar la arrogancia y mala educación de su jefe.
André se encuentra en una encrucijada con respecto a su carrera, ¿ dejará que está oportunidad se le escape como arena entre los dedos ? O ¿Será acaso una venta récord y lo dejará, como dice el piberío, en su Prime?. Lo seguro, es que esta obra de arte cambiará la vida de todas estas personas de una forma u otra.

La historia esta basada en hechos reales y aunque el director agregó licencias argumentales en los personajes y sus conflictos, la obra en cuestión fue descubierta de manera casi idéntica a como lo relata el film. La particularidad es que su estreno en Argentina casualmente coincide con el descubrimiento de otra obra que también se creía “perdida” desde la segunda guerra mundial, robada por los nazis. En este caso autóctono, con un familiar de un colaboracionista Alemán que luego de andar por algunos lugares terminó en Mar del Plata. La justicia investiga el caso y si otras dos obras de estos familiares también tienen ese valor histórico. Esta obra está valuada en 50.000 dólares.

Más allá de ser una historia amena y sin errores la película posee un tono que por momentos parece quedar a la expectativa de un vuelco que nunca se concreta. No es un thriller de suspenso, el drama si bien aparece tampoco termina de adueñarse del relato. La dificultad de ser verídica tal vez le jugó en contra al director. Las distintas subtramas no alteran el producto, si son presentadas pero ninguna se ahonda ni modifica el curso o desarrollo de los personajes. Más allá de la relación de la pasante con André que actúa como llave para destrabar un conflicto no podemos juzgar otra acción ni por arriesgada ni tibia, simplemente las cosas suceden para redondear un largometraje correcto.

Como punto positivo se encuentra la crítica al rol de las subastas y las clases altas. El arte y su importancia, bien logrado en mostrar como ese valor artístico e histórico queda en segundo plano. ¿Importa la obra? Casi ni se ve por momentos. Cobra más relevancia el lobby, las apariencias, los contactos, la puja económica y todo lo que en ese sub-mundo que queda presentado. No importa que se venda sino como. ¿Qué espacio ocupa el arte en esa lógica?.




