CRÍTICA: “EL RITUAL DE LILY”

UNA PELÍCULA ESPAÑOLA DIRIGIDA POR MANU HERRERA

El “Folk horror” o terror folclórico es una temática en la cual se utilizan las creencias paganas, los rituales satánicos, ritos ancestrales y el aislamiento rural. Esto genera en la película un ambiente de miedo que otras temáticas no consiguen. Ya se han visto en grandes producciones como “Midsommar” y “La Bruja”, el éxito que puede alcanzar. “El ritual de Lily”, dirigido por Manu Herrera, no se queda atrás, con su particularidad única, la película consigue a su manera crear una historia interesante, atrapante y que provoca miedo con virtudes destacables, como los efectos visuales, el uso de efecto práctico y las actuaciones. 

La trama se centra en Lily (Maggie García), una joven introvertida que viaja junto a tres amigas a una cabaña en un lugar alejado de la ciudad. Lo que es en principio una escapada entre amigas se convierte en algo mucho más oscuro. Entre el alcohol, las provocaciones y un clima de rebeldía adolescente, este grupo de amigas intenta integrar a Lily a un ritual Wicca, con la intención de forjar una unión con los cuatro elementos de la naturaleza (tierra, agua, viento y fuego) y así poder adorar a su diosa. Pero en realidad, hay un propósito mucho más siniestro.

Durante su primera mitad, el film adopta una estética cercana al cine juvenil provocador. La cámara se detiene en la complicidad entre las protagonistas y en los gestos de seducción que construyen el vínculo del grupo. En esos momentos iniciales, Herrera desarrolla un clima relativamente naturalista donde la química entre las actrices (Elena Gallardo, Patricia Peñalver y Eve Ryan) sostiene gran parte del relato. La dinámica entre ellas se siente creíble, lo que permite que la narración avance incluso cuando el guion se vuelve previsible.

Pero a medida que la historia progresa, la película cambia radicalmente de tono. La calidez que antes dominaba las escenas se transforma en una paleta con negros profundos y rojos intensos, y de esa misma manera, el ambiente cambia.  La fiesta juvenil se convierte gradualmente en una ceremonia macabra donde máscaras, símbolos paganos y sangre ocupan el centro de la escena, aunque ese cambio, esa transformación de momentos, se siente un poco abrupta. En ese viraje, la obra intenta construir un universo mitológico vinculado a la figura de Lilith y a la idea de un mal ancestral que exige devoción absoluta. 

De todas formas, hay grandes virtudes para destacar. La dirección logra imágenes visualmente atractivas pese a su presupuesto reducido, y el uso de efectos prácticos (en lugar de depender del CGI) remite al espíritu del terror de décadas pasadas. Las escenas de violencia están resueltas con eficacia y aportan momentos de impacto genuino (aunque algunas escenas son bastantes sensibles) mientras que la fotografía refuerza una atmósfera gótica que recuerda a producciones recientes del folk horror como “La bruja” o “Midsommar”, aunque sin alcanzar su complejidad narrativa.

En conclusión, “El ritual de Lily” es una película de terror que cumple con el objetivo principal; entretener y dar miedo. Con un guion bien estructurado, a pesar de ser predecible por momentos, unos efectos visuales y prácticos muy buenos, y actuaciones de gran nivel, este largometraje consigue sostener el interés y confirmar que el terror folclórico sigue siendo un terreno fértil para explorar los miedos más primitivos ligados a la fe, la naturaleza y los rituales ancestrales.

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