Lo que se pierde se tiene para siempre – Crítica

Hija, interpretada por Sofía Gala nos adentrará en el mundo de esta familia separada donde Padre, un ebanista tosco y huraño va acercadosé a Madre, una mujer golpeada por el paso del tiempo y una pérdida que atravesó a todos

Ernesto Sábato decía en una recordada entrevista a la televisión que “el hacer arte, tiene mucho valor porque uno se va a morir. Que ese acto era arrancarle pedazos de absoluto a la existencia, que es relativa.”. En esta obra el personaje de Padre dice adrede “lo que se pierde se tiene para siempre” y provoca una sonrisa en el público que reconoce el título de la obra. Pero estas dos frases no son antagónicas sino que comparten la persistencia del tiempo sobre la muerte. En la obra, la inesperada muerte joven del hermano e hijo de los protagonistas y ese duelo irresuelto que ronda hasta el final, funciona como un conector de los vínculos familiares, a través de “Hija” (Sofía Gala) que va narrando pasado y presente de “Padre” (Enrique Amido) y “Madre” (Marita Ballesteros). Completa el elenco “Teresa” (Camila Marino alfonsín), el único personaje con nombre que aporta la mirada externa a esta familia “separada” por 8 cuadras que va acercandose con una hija que transporta ollas con comida o vacías, fotos, muebles, sobres con dinero pero también recuerdos e historias de vida.

Basada en la obra de Alejandra Kamiya, escritora Argentino-Japonesa, principalmente en el cuento “Separados”, pero hay textos de todas las piezas de la autora. La dramaturgía de la pieza teatral de Javier Berdichesky y Andrés Gallina colocan el foco a este relato único que bien podría ser una pieza escindida de todo el catálogo de Kamiya. La dirección de Anahi Berneri también a destacar acompañando a los actores a personificar esta familia sacada directamente de los textos. Cuando hay conexión de todo el engranaje se nota en el escenario.   

El elenco conquista al público desde el primer minuto, una Sofía Gala Castiglione muy plantada, como si se tratara de una actriz de antaño. Bueno no hay que olvidar que se crió en los escenarios, en este personaje realmente puede verse una performance sólida, en los textos, en su oratoria, que nos mete en esa hija con la culpa carcomiendola, prácticamente desde su nacimiento. Posterior a la muerte de su hermano, trágicamente embestido por un carnero en el campo en un descuido inevitable. Pero como todo accidente, el cargo de conciencia recae en los que quedan en este plano. Este dolor tan grande va desarmando a cada integrante de la familia en distinta medida y tiempo. El tiempo se rompe, se detiene y entra en loop. El tiempo es otro portagonista más porque los relatos van marcando el pasado y el presente. 

El padre ebanista, con un gran Amido trabajando la madera, convence hablando de vetas, tipos de madera o encerrandose en su tozudez. Una Marita Ballesteros que hace una excepcional madre en un estado mental alterado y como el paso del tiempo va haciendo mella en su mente y sus heridas. Camila Marino Alfonsín que hace las veces de fusible de descarga de los vínculos de esta familia y a la vez tiene la tarea de unirse con esa madre que ni siquiera recuerda su nombre y su rostro pero que necesita que esté en una parte trascendental de su vida.

El sentimiento que se genera en la obra es de conexión, el público vive a través del relato problemas que son universales: la separación de la pareja, los evidentes problemas psiquiatrícos por el paso del tiempo, el mudarse, el hacerse cargo de alguien. Cuando Hija se la lleva a vivir a Madre con ella, luego que tenga que llevarse al Padre, la venta del taller. Todo este entramado siempre es secundado con las cajas que se transforman en taller, casa, habitación o personas. Una escenografía que engaña con lo simple pero a la vez elemental y que en ningún momento pasa desapercibida, siempre cumple un rol en cada tramo de la historial. Como un rompecabezas que va ensamblandose y en el final podemos ver como todo encaja.

LOS JUEVES DE MARZO EN EL TEATRO ASTROS A LAS 20:00 HS

DIRECCIÓN: ANAHÍ BERNERI

DRAMATURGÍA: JAVIER BERDICHESKY Y ANDRES GALLINA

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