A la hora de realizar una secuela, más si es la tercera parte de una saga, no solo se tiene que ser coherente con la trama de la película en sí, sino que hay que entenderla como un todo. A pesar de esto, generalmente suelen tener la misma estructura que cualquier cinta, con un inicio, un desarrollo y un final. En el caso de After. Almas perdidas, la tercera entrega basada en las novelas de Anna Todd, no respeta ese esquema, que no es necesariamente malo, si se hubiera ejecutado bien.

El filme arranca sin vacilar, sin explicar nada, retomando donde quedó el tomo anterior. La protagonista es Tessa (Josephine Langford) que se reencuentra con su padre tras nueve años. Uno esperaría que ese reencuentro y esa relación sería clave en el desarrollo, pero salvo en esas escenas iniciales, casi que no se vuelve a tocar el tema, no se le da más importancia.
La verdadera cuestión es que Tess recibió una oferta laboral de Seattle y a su novio, Hardin (Josephine Langford), no le hace mucha gracia. El error de esta cinta está justamente en la
trama principal, ya que nunca ahonda en por qué en la pareja estelar hay tanto drama, por qué se esconden secretos y viven discutiendo, no hay una motivación real para que esto suceda.
La cronología a partir de ahí es más o menos la misma: pelea por una mentira, reconciliación, pelea por una mentira, reconciliación, y así hasta el final. La película descansa por momentos en Landon (Chance Perdomo), un amigo de la pareja, que le da ratos cómicos a un drama interminable y exagerado. El error no es que se peleen, sino que no está explicado el motivo de estas peleas y mucho menos el de las reconciliaciones.
Hacia el “Final”, que se puede llamar así solo por un tema cronológico, el guion prepara todo para la revelación de un oscuro secreto, que se supone que daría el impacto necesario para esperar con ansias la siguiente entrega. En realidad, lo que pasa es que terminan haciendo una revelación bastante obvia, y el cierre no tiene nada que ver con el desarrollo.
En resumen, After. Almas perdidas es un intento de ser una película de transición entre las primeras dos entregas y las que seguramente vendrán, que no resuelve conflictos del pasado y tampoco genera muchas expectativas a futuro. El problema no es que no respeten la estructura tradicional, sino que en los 99 minutos de duración no hay sobresaltos ni giros de trama, el guión es flojo y las actuaciones en muchos momentos son poco convincentes.
Calificación
Actuación
Arte
Fotografía
Guion
Música
La 3ra entrega de la saga After expone al máximo el drama y la tensión entre la pareja principal y se olvida de crear un argumento y un arco para que todo sea creíble, realista e interesante.




