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“Convaleciente” de Matías de Leis Correa. Crítica

Lejos de ella

 

El estreno de “CONVALECIENTE” con un gran protagónico de Marisol Otero, vuelve a instalar en la pantalla grande la problemática del Alzheimer y el deterioro, registrando ese momento en donde nos volvemos padres de nuestros padres.

Matías de Leis Correa enfoca en su ópera prima el impacto que produce dentro del núcleo familiar y sus vínculos, la enfermedad de uno de sus miembros. En este caso en particular, es la madre la que hace algo más de dos años se encuentra postrada y con una enfermedad que la va apagando de a poco. El Alzheimer está deteriorándola y con ella se irán todos los recuerdos, los momentos vividos, la posibilidad de vincularse con el afuera y comienza a hacerse más notoria esa necesidad, cada vez más fuerte, de un cuidado muy intensivo y permanente.

Quien queda a cargo de esa tarea es su hija (rol a cargo de Marisol Otero, presente en casi todas las escenas del filme) quien ve como los restantes miembros de la familia se han ido desdibujando y dejando de prestar ayuda, cargando con todo el peso de la responsabilidad en sus espaldas y haciendo que su propia vida haya quedado relegada para que todo gire alrededor de las visitas médicas, pañales, remedios, sueño y desvelos,  y hasta el más mínimo detalle que la mantiene alerta frente a la titánica tarea de estar pendiente de su madre las 24 horas del día.

Leis Correa en diversos reportajes ha expresado que “CONVALECIENTE” tiene trazos biográficos, autoreferenciales, dado que la historia de su abuela es la que lo ha impulsado a escribir este guion. Seguramente, por ese sentimiento tan a flor de piel con el que se cuenta la historia, logra encontrar momentos de gran sensibilidad cuando homenajea a la figura de esa “madre coraje” que no sólo sostiene a su madre sino que al mismo tiempo no pierde de vista la contención a su propio hijo –con quien, debido a su historia personal, ha debido cumplir y cumple el rol paterno y materno al mismo tiempo-.

El personaje central a cargo de Marisol Otero está atrapado en su imposibilidad de delegar, en la sensación de que no puede soltar y que al mismo tiempo no recibe la ayuda que ella quisiera. Se encuentra atravesada por un recelo, un resentimiento de estar postergando su vida, perdiéndose a sí misma al ponerse  al servicio de una tarea que consume todo su tiempo.

Es así que su mayor enfrentamiento es con su hermano, con quien deberían dividirse las responsabilidades pero nada de eso sucede: hay posturas antagónicas frente a temas fundamentales no sólo referidos al cuidado de su madre sino también al patrimonio familiar, puntos de vista completamente diferentes, varias cuentas pendientes que saldrá entre ellos y todo está teñido de una cierta rivalidad que vuelve a surgir con muchas más fuerza ahora, en pleno momento de tensión.

El guion de Leis Correa plantea inteligentemente el valor de ese lugar sacrificial frente a la posibilidad de otras miradas, de otro abordaje posible: el de una internación o un pedido de ayuda con alguien que pueda cuidarla profesionalmente, apareciendo la problemática económica, otro de grandes factores de tensión familiar al atravesar estas situaciones tan límites.

Otro elemento interesante es la decadencia de la casa familiar que espeja el mismo deterioro que el desgastado núcleo familiar. El afuera, representado por una vecina que opina, como tantos otros, sin saber lo que es verdaderamente ponerse en los zapatos y por las visitas que ocasionalmente brindan un momento de compañía efímero, subrayan aún más la soledad de quien debe hacerse cargo a tiempo completo, cuando todos desaparecen.

CONVALECIENTE” acierta cuando puntualiza y enfoca el rol de esa hija fragmentada entre su propio deseo y el hecho de perderse dentro de la vida de su madre que la necesita. Sin embargo, cuando intenta abarcar otros temas como la problemática del hijo (un correcto trabajo de Sebastián Sinnott al que de todos modos le cuesta encontrar matices) pierde el rumbo y la fuerza narrativa y prolonga algunas escenas que hubiesen ganado contundencia en una duración un poco más acotada del relato.

Lo mismo sucede con las actuaciones en donde cuesta encontrar un nivel parejo dentro del equipo. En algunos casos, los diálogos suenan artificiales y demasiado recitados, teatrales, pero cuando Marisol Otero toma el timón de la situación, todo vuelve a iluminarse. Su Catalina tiene todos los ingredientes para que pueda brillar en un protagónico que le permite un gran lucimiento y Otero atraviesa diversos estados de ánimo y puede lucirse tanto en una escena de mucha tensión (como por ejemplo en el enfrentamiento con su hermano, en un interesante duelo de posturas opuestas) como transmitir sus emociones a través de una mirada o un gesto en silencio.

La ópera prima de Leis Correa deja un espacio para la reflexión, para repensar el tema de la vejez y el deterioro, ese momento cuando los padres necesitan tanto de sus hijos –tal como lo dice el personaje principal frente a la idea de cambiar pañales como su madre en algún momento se los cambió a ella- y aún con algunas irregularidades, se convierte en un trabajo logrado y sobre todo, en la oportunidad de que Marisol Otero brille y demuestre su enorme talento.

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Guion
Actuación

"CONVALECIENTE" deja un espacio para la reflexión, para repensar el tema de la vejez y el deterioro, ese momento cuando los padres necesitan tanto de sus hijos y aún con algunas irregularidades, se convierte en un trabajo logrado y sobre todo, en la oportunidad de que Marisol Otero brille y demuestre su enorme talento.

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