El documental muestra a tres jóvenes que en pleno auge del stand up en la Argentina se caracterizaron por crear la rama cómica que refleja la vida en la marginalidad. Pobreza, delincuencia y droga son los temas más resonantes dentro de sus monólogos. Por Lautaro Franchini.
“Que mejor arma que un micrófono y en manos de un villero”, así define su material Damián Quilici, un trabajador que ayuda a su madre en la economía de la casa. En otro punto, entre pasillos y asentamientos, se encuentra Germán Matías, un electricista no matriculado que opera en una fábrica y en sus ratos libres se dedica a declarar, a través del humor, lo que vive día a día. Y el último, Sebastián Ruiz, séptimo hijo de una familia numerosa y quien también labura y se sube a los escenarios.
Sin darse cuenta, estos tres jóvenes, de diferentes barrios del conurbano, crearon lo que hoy en día, y según lo catalogaron los medios, se conoce como stand up villero. Para ellos, es solo una forma de expresar la cotidianeidad en el barrio. Exagerar la realidad, evidenciar sus problemas y mostrar el estigma que sufre el oscuro de piel: el negro.
“Stand up Villero” resalta el camino hacia el éxito, lo que sueñan y a donde quieren llegar, pero todo mientras viven y esquivan las dificultades de cada día. Esas complicaciones se plasman dentro de sus materiales al exhibir la pobreza extrema, la delincuencia a la vuelta de la esquina o las muertes por causa de un aborto clandestino y el vicio hacia las drogas. La verdadera crudeza se palpa al ver que el standupero no tiembla al contar lo que padece comúnmente ya que para el otro, es simplemente algo que hace reír.
Puntaje: 75/100.



