La película, basada en hechos reales, narra la historia de Vera (Mala Emde), una joven alemana cansada de una estructura de vida ordenada por sus padres. Cautivada por la música y la Nueva Era de los años 70, Vera se rebela contra todos los mandatos y decide ir tras sus sueños frente a todo y contra todos. De esta manera, la joven inicia su camino como coordinadora de shows de músicos de jazz.

Sin demasiada preparación, Vera sigue su instinto e improvisa a cada paso. Su vida es como el jazz: aquellos músicos que suben al escenario a tocar lo hacen sin ninguna melodía atrapada en sus mentes; todo surge ahí, en ese instante. Los músicos toman su instrumento y tocan; de la misma forma, Vera decide y resuelve. Sabe con quién hablar y cómo relacionarse, pero sin ensayarlo: al momento de hacerlo, simplemente lo hace.
Así, la película se convierte en un viaje de crecimiento para ella, donde también conocemos al periodista Michael Watts (Michael Chernous), un profesional especializado en jazz y apasionado seguidor de Keith Jarrett (John Magaro). Watts persigue y entrevista al gran pianista con el deseo de comprender su método artístico, una labor harto complicada cuando se trata de transmitir al espectador ese intangible cuántico que existe entre el artista y el producto de su creación. Será precisamente a este genio de las teclas a quien Vera le conseguirá un lugar en la Ópera de Colonia.
Un relato a ritmo de improvisación
La vida de Vera es frenética y el relato se desarrolla de la misma forma, a todo ritmo desde que se inicia. A pesar de sus casi dos horas de duración, el relato no se detiene. La película, como si fuese un evento de jazz o una melodía, transcurre de manera rápida pasando por la vida de todos los personajes que rodearon a la protagonista: desde su novio y sus amigos, hasta su hermano y sus padres, quienes de ninguna manera aceptan su estilo de vida.
De hecho, el film se inicia con una Vera ya mayor en el día de su cumpleaños, reunida con amigos. No espera la llegada de alguien, y ese alguien es su padre. Desde allí, la cinta nos lleva a la década del 70 para mostrarnos la vida de esa pequeña de 16 años que transita entre la ternura, la inocencia y la rebeldía.
En consecuencia, también se nos narra la historia detrás del legendario concierto de Keith Jarrett con una mirada enérgica y algo alocada, como los tiempos que retrata, contagiando entusiasmo y pasión por el jazz. En este sentido, la obsesión de Vera por la música y la energía juvenil que la impulsa en una vertiginosa huida hacia adelante la llevarán a adentrarse en el mundo artístico, arriesgando su futuro y en contra de los deseos de unos padres en exceso autoritarios y conservadores.
Una original y divertida puesta en escena
El director Ido Fluk conduce esta entretenida y original película basada en la historia real de Vera Brandes, promotora de conciertos, productora musical en la ciudad de Colonia y agitadora cultural en una época de cambios sociales y políticos significativos.

La ilusión de Vera, y el pulso con el que está dispuesta a demostrar su fuerza, la llevan a organizar, con tan sólo 18 años —aunque dice tener 25—, un concierto de Keith Jarrett (pianista que tocó con Miles Davis) en el Palacio de la Ópera. Esta proeza, impropia de su juventud, podría lanzarla al éxito profesional o condenarla al más amargo de los fracasos.
El aroma vintage de la puesta en escena y el estilo narrativo respiran originalidad para retratar a Jarrett, uno de esos adelantados a su tiempo con una creativa capacidad para la improvisación. John Magaro encarna al pianista en una época de agotamiento existencial, lastrado por dolencias físicas que dificultan su actividad, pero animado por ese espíritu inexplicable de la magia que genera en el escenario.
En definitiva, esta es la verdadera historia de Vera Brandes, icono adolescente de la escena musical de Colonia en los años 70, que lo arriesgó todo para organizar el mayor concierto en solitario de la historia de la música: el legendario Concierto de Colonia de Keith Jarrett. Una película para disfrutar de principio a fin, impregnada de la música del jazz, la rebeldía juvenil y el encanto de los años 70.




