Laura Bondarevsky es la directora de este ensayo documental que tiene como epicentro a su abuela “por elección”: una rusa llamada Yenia Dumnova que conoció en Suiza cuando ambas vivían en el exilio. La vida de Yenia fue una aventura que transcurrió en numerosos escenarios (Rusia, Uruguay, Chile) y siempre estuvo marcada por la lucha política y el arte.

Poética, íntima y de una belleza deslumbrante la película utiliza elementos de ficción y documental para reconstruir las distintas etapas de su protagonista. “Quiero contar la historia para que no desaparezca” anuncia la voz en off omnisciente que conduce todo el relato en un recurso que remite automáticamente al estilo del Pampero Cine. La conexión es innegable con la gran Laura Paredes en ese rol.

El uso de material de archivo histórico y los registros caseros están perfectamente amalgamados para reforzar este fascinante retrato individual, que es al mismo tiempo, un reflejo de ideales comunes a una época. De la misma manera que todas las recreaciones en sus secuencias de ficción alcanzan un gran impacto visual gracias al impecable trabajo de fotografía y dirección de arte. También hay que destacar las bellas melodías compuestas por los encargados de la música original Ariel Schujman y Martin Luchina que aportan nostalgia, melancolía e incluso una atmosfera onírica que marcan el tono de la historia.

Un mundo recobrado tiene un valioso sello autoral, cuenta con una narrativa lúdica y está lleno de ideas visuales que lo elevan del registro tradicional de este tipo de rescates familiares. Además se apoya en la fuerza de luchas e ideales eternos que siempre deben ser buscados.




