“The Diving Bell and The Butterly” de Julian Schnabel. Crítica.

Un viaje que juega con los sentidos del espectador.

El mundo del arte es complejo y diverso, quienes lo habitan y consumen constantemente tienden puente de un soporte al otro. Así sucede una y otra vez que aparece una adaptación cinematográfica sobre algo, en este caso se trata de “The Diving Bell and The Butterly” de Julian Schnabel. Transformando las inmóviles letras del libro autobiográfico, del mismo nombre, de Jean-Dominique Bauby en bellas imágenes en movimiento. Incorporándose el pasado 12 de agosto al catálogo de Mubi.

Tal como sucedió en su vida, la película dramatiza la última etapa en la vida de Jean-Dominique Bauby. Editor de la reconocida revista “Elle”, sobre moda y belleza, quien tras un accidente cerebrovascular resulta con casi la totalidad de su cuerpo paralizado. Teniendo completa conciencia de todo lo que le sucede, solo puede movilizar su ojo izquierdo. 

La historia del cine cuenta con varios productos que narran historias de artistas quienes pase a sus situaciones adversas logran consagrarse. Empero, tenemos aquí un gran despliegue de buenas decisiones narrativas y técnicas, las cuales denotan el predominio de la creatividad sobre el presupuesto. Además de un nivel actoral del protagonista, equiparable a aquel Daniel Day-Lewis de “Mi pie izquierdo”. 

En un inicio, casi todo el primer acto, lo único que ve el espectador es una cara subjetiva, a la cual los actores se acercan para interactuar o ser observados. Acompañado de la voz en off del actor que encarna a Jean-Dominique Bauby. Nos encontramos efectivamente dentro de la prisión corpórea de Jean Do, vemos solamente lo que él ve, con la diferencia que si podemos escuchar lo que podría estar diciendo si su boca respondiera a sus estímulos. 

Como muchos dicen, la pantalla de cine es una ventana a otro mundo, por la cual podemos observar. En este caso sería mejor compararlo con la mirilla de una puerta o como elige hacerlo el director con una escafandra. Quien haya buceado alguna vez estará de acuerdo con la metáfora, con esa sensación de pequeñez que genera estar metido dentro de algo por lo cual solo podemos observar, con la alteración de los sentidos. 

A medida que el personaje aprende a comunicarse, la cámara se libera y se permite mostrar otras cosas. Recuerdos, sueños y alucinaciones se hacen presente, ya que como dice el personaje, solo puede mover tres cosas, su ojo izquierdo, su memoria y su imaginación. Abriendo así la puerta a un mundo de infinitas posibilidades, formas y colores. Utilizado por el personaje para escapar de la dura realidad y pasar el tiempo libre que le queda entre visita y visita. 

Erróneamente suele calificarse la calidad de una adaptación literaria al cine basándose en la fidelidad al material original. Sin embargo, al ser plataformas diferentes, muchas veces la transducción no suele ser literal. La fidelidad debe estar en la transmisión de sensaciones, que estas sean las mismas, no en la literalidad. Y esto es lo que logra Julian Schnabel con “The Diving Bell and The Butterly”, una experiencia verdaderamente cinematográfica.

Calificación

Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación

Erróneamente suele calificarse la calidad de una adaptación literaria al cine basándose en la fidelidad al material original. Sin embargo, al ser plataformas diferentes, muchas veces la transducción no suele ser literal. La fidelidad debe estar en la transmisión de sensaciones, que estas sean las mismas, no en la literalidad. Y esto es lo que logra Julian Schnabel con “The Diving Bell and The Butterly”, una experiencia verdaderamente cinematográfica.

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Francisco Mendes Moas

Estudio, hago y escribo sobre cine. Mi relación con el séptimo arte siempre peligra con convertirse en una peligrosa adicción.

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