En una nueva entrega del director expone el día a día en Amaicha del valle, donde los integrantes de la comunidad calchaquí tienen un realidad muy particular.
El documental muestra que, no importa el sitio geográfico de nuestro país y la diferencia de estilos o calidades de vida, los problemas cotidianos tienen un común denominador para todos los integrantes del territorio nacional, producto de la globalización que trasciende todo tipo de fronteras.
Mario Reyes, arriero y guarda-parques tucumano y miembro de la comunidad calchaquí desarrollo múltiples tareas para su región debe realizar una difícil travesía para lograr reparar los servicios de Internet y telefonía ya que, luego de unos potentes vientos en la zona dichos servicios se vieron interrumpidos y deberá solucionarlo.
En una zona que parece detenida en el tiempo, en donde todo funciona de forma muy artesanal y precariedad de sus estilos de vida esta presente en todo momento, Sampieri demuestra que la dependencia con la tecnología es muy fuerte, logrando invisibilizar en todos los habitantes problemas más urgentes que este.
A lo largo del largometraje, también se escuchan diferentes reclamos a la empresa del servio en los cuales se puede observar la preocupación de los usuarios pero que contrasta con los paisajes del valle donde, una vez más, el director logra de forma efectiva generar una denuncia a esta sociedad del consumo en la que los problemas frívolos o superficiales aparecen primeros en la lista de prioridades.
“Somos cultura que camina en un mundo globalizado” es una frase que podemos observar en diferentes paredes de Humahuaca y bien a esta comunidad, la cual, en todo momento durante la película muestra sus costumbres y tradiciones pero sin negar que viven dentro de un mundo donde la conexión parece ser fundamental y en donde ellos los aceptan y utilizan, en parque quizás para seguir transmitiendo sus tradiciones




