Conversamos con el prestigioso periodista y dramaturgo, Mario Diament, autor de “El cazador y el buen nazi” y “Cita a ciegas“. El ensayista habla del éxito y recorrido de las obras, su decisión por abocarse full time al teatro, su reflexión sobre el periodismo actual y la “desinformación” que atravesamos, y adelanta el nuevo proyecto que tiene entre manos.
-¿Cómo estás viviendo el suceso en que se convirtió “El Cazador y el buen Nazi” con su segundo año en El Tinglado, los domingos a las 17:00 horas?
-Estoy muy feliz con lo que está pasando, porque además es un grupo maravilloso: Jean Pierre Noher, Ernesto Claudio y con Daniel Marcove con quien venimos trabajando desde hace más o menos seis obras; con Alberto Teper que es el productor indispensable para todas nuestras aventuras, así que estoy muy contento.
-Para aquel que todavía no tuvo la oportunidad de ver la obra, ¿qué podríamos contar?
–“El cazador y el buen nazi” Es un encuentro real entre Simón Wiesenthal, un cazador de Nazis y Albert Speer, que fue el número dos del régimen de Hitler, que fue su arquitecto y ministro de armamentos. Speer fue uno de los condenados en el Juicio de Nuremberg, pero zafó con la condena de 20 años porque logró convencer al jurado de que él no tenía idea del holocausto. Este encuentro tiene lugar en 1975, luego que Speer cumple su condena. Esta es la historia, es lo que puede suceder entre dos personas tan opuestas: uno víctima del holocausto y el otro uno de los más altos jerarcas.

-¿Cómo se llegó a estos magníficos actores?
-En realidad fue mérito de Daniel Marcove, el director. Los dos pensábamos que Jean Pierre Noher era un candidato ideal para hacer Wiesenthal y los dos pensábamos que con el trabajo que él tiene iba a ser difícil, pero según Jean Pierre cuenta, después de advertirle a Daniel que estaba muy ocupado, le entró la curiosidad y al día siguiente le dijo: “Tengo que hacer esta obra”. Jean Pierre perdió a su abuelo en el holocausto y sentía que la obra había abierto una obligación moral de hacerla. Y Ernesto Claudio, con el cual trabajamos juntos en “Cita a ciegas” cuando se hizo en El Cervantes resultó ser un gran amigo íntimo con Jean Pierre, nosotros no lo sabíamos, pero resultó que ellos estudiaron juntos con Alesso, pero nunca habían tenido la oportunidad de trabajar juntos. Entonces Jean Pierre lo llamó y le dijo “tenemos que hacer esto juntos”, y se armó un equipo realmente fantástico, de dos actores soberbios, y esto lo siente el público en la sala.
-¿Cómo llegaste a la documentación para el armado de la obra?
-Mis años en el periodismo me ayudaron mucho. Speer escribió muchos libros contando sus experiencias en el Tercer Reich y durante los años de prisión. También Wiesenthal escribió varios textos y hay una reciente biografía suya que cuenta en detalles lo que fue este encuentro, y en realidad esta lectura es la que me dio la idea de trabajar en esta obra. “El cazador y el buen nazi” naturalmente es una obra apoyada en mucha documentación, pero es excepcionalmente un espectáculo de ficción donde las situaciones también lo son.
‘El cazador y el buen nazi’ naturalmente es una obra apoyada en mucha documentación, pero es excepcionalmente un espectáculo de ficción donde las situaciones también lo son”.
-Puede decirse que tu otra pasión, el periodismo, te encaminó hacia la obra
-Yo digo que el periodismo y el teatro son como lazos comunicantes. El periodismo tiene este elemento esencial que es la curiosidad por saber cuáles fueron los detalles y las técnicas para investigarlo. Y el teatro tiene la imaginación, el permiso de hacerlo todo, de concebir, de inventar y entonces, creo que en muchos momentos de mi carrera periodística, el aspecto teatral tuvo gran influencia en darme libertad para practicar el periodismo de una manera más creativa; pensar las historias de otra manera. Y el periodismo, al mismo tiempo, me sirvió con todas sus técnicas, su urgencia, su capacidad de síntesis para trabajar en el teatro. Entonces para mí son como dos partes de una misma cosa.
Creo que en muchos momentos de mi carrera periodística, el aspecto teatral tuvo gran influencia en darme libertad para practicar el periodismo de una manera más creativa; pensar las historias de otra manera”.
-¿Continuas dando clases en la Universidad Internacional de Florida, Miami?
-No, ya no. Durante la pandemia la exigencia era enseñar online y yo creo que enseñar periodismo de esa manera, es una contradicción. Tomé la decisión, después de haberle dado tantos años al periodismo, de dedicarle el resto de lo que me quedaba al teatro. Entonces, estos últimos años fueron de mucha creatividad para mí, así que no padecí la pandemia en ese sentido, sino más bien como una buena oportunidad.
-¿Extrañas estar frente a un grupo de estudiantes de periodismo?
-No, yo no extraño y lo digo en todos los aspectos. No extraño ni las casas que dejé… Está todo en mi memoria, pero no siento que he perdido nada, sino que he ganado lo que uno hace viviendo.
Las decisiones se dan de esa manera, será que eso también me lo dio el periodismo, ya que estás obligado a tomar múltiples decisiones inmediatamente, y si te sentás a lamentarte lo que hiciste, tenés que dedicarte a otra cosa. Entonces, en determinado momento sentí que la enseñanza online no tenía sentido: en alguna etapa de mi vida le dediqué mucho tiempo, y ahora sentí que había que invertir las cosas.
-¿Cómo ves al periodismo hoy?
–Lo veo como un borracho; lo veo caminando a los tumbos sin saber bien en qué dirección ir porque la época es más compleja que lo que éste logra reflejar, especialmente en Estados Unidos, por ejemplo, con la posibilidad de que Trump como candidato vuelva a ganar la elección; es como que el periodismo no encuentra respuestas para estos personajes como Milei: esta mezcla de bufones y políticos, uno no sabe bien si tratarlos seriamente, si tratarlos como payasos o aventureros, entonces, hay esta caminata de borrachos que a veces encuentran el camino y en otras andan como perdidos.
Al periodismo lo veo como un borracho; lo veo caminando a los tumbos sin saber bien en qué dirección ir porque la época es más compleja que lo que éste logra reflejar”.
-¿Y cómo ves la situación de nuestro país en este momento?
-Lo veo como al periodismo
-¿Borracho?
-Con una gran confusión, pero te diré que eso no sólo ocurre en la Argentina; el mundo está atravesando un período de tremenda desinformación como resultado de toda la tecnología que se ha incorporado en el conocimiento.
-¿Crees que desinforma más que informa?
-Totalmente, creo que vamos hacia un período de gran desinformación donde daría la impresión que la verdad importa cada vez menos, y que lo que importa es la apariencia, y eso, a la gente que no está preparada la confunde enormemente. Entonces, la Argentina está atravesando un período tremendamente dramático, no hay ninguna figura que realmente tenga relevancia, ninguna que tenga un sentido de responsabilidad; están todos corriendo detrás del poder como único objetivo, no hay ideas, hay ambiciones. Entonces, eso hace todo muy difícil especialmente con la economía como está con un país con el 50% de la población en la pobreza.
El hecho de que no aparezca ninguna figura relevante, seria, comprometida, hace que la gente vaya a terminar votando más en contra que a favor. Igualmente, esto se inscribe en un contexto internacional de gran confusión, porque políticamente el desastre es mayor afuera, por ejemplo, en Rusia, Polonia, Italia, Hungría, Francia, Estados Unidos. Entonces, nos está yendo particularmente mal porque llevamos medio siglo de desastre en términos económicos. Pero hay compensaciones de todo esto, hay valores que todavía los argentinos apreciamos y hemos aprendido a navegar en medio de estas tormentas, a veces mejor que otras sociedades; todavía hay un sentido de la amistad, el afecto, de la conversación… lo cual permite que la gente siga viviendo con cierto sentido de placer.
-Es cierto, y el placer por ir al teatro o disfrutar de un show sigue intacto entre los argentinos. Nadie puede negar la crisis económica, pero una necesidad de disfrutar el momento, de hacer cosas que te den placer.
-Te voy a contar una pequeña anécdota. Estaba en Bucarest en una época donde recién salían del comunismo y entonces había una enorme crisis económica, y llegué invitado para el estreno de mi obra “Tango perdido”, y pensando con mi mujer que íbamos a llegar a una sala vacía, y nos encontramos con que el teatro estaba repleto y no sólo ese, sino que todos estaban llenos. Entonces le pregunté a un amigo rumano “¿qué pasa acá?” y me dijo “Lo que pasa es que en la época de la dictadura de Ceaușescu, el teatro es un espacio de debate de ideas y la gente se acostumbró a eso”, y yo creo que probablemente en la Argentina esté pasando algo parecido, la gente -sobre todo joven que muchas veces hace funciones mediante cooperativa- que hace teatro tiene ganas de hacerlo y el público le responde porque probablemente es el único ámbito verdadero de debate, de ideas, de imaginación y de alguna manera es una forma de explicar este fenómeno.
-Además el teatro es el espacio donde nos gusta que nos mientan
-Así es y donde es muy difícil mentir, al actor se le nota si miente entonces esto puede explicar el fenómeno.

-Y hablando de buen teatro contanos de “Cita a ciegas”, que nuevamente está en cartelera
–”Cita a ciegas” se estrenó el 7 de mayo en el teatro El Método Kairós, y puede verse los domingos a las 17:30 horas; es un espacio teatral pequeño de 50 espectadores. Es y fue mi obra más exitosa, se dio en 20 países y te diría que en 25-30 ciudades. Es una historia inspirada en el personaje de Jorge Luis Borges, aunque no se lo identifica como tal es un escritor ciego que está sentado en el banco de la plaza San Martín y pasa gente y le cuenta historias, y todas éstas de alguna manera se entrelazan. Se estrenó originalmente en Cervantes donde ganó más de un premio a la mejor obra del año, y de ahí empezó un derrotero por todo el mundo que fue para mí muy emocionante. Una de las últimas versiones fue la que hizo Franco Parenti de Milán, que llevó la obra en gira por toda Italia realmente con un éxito muy grande.
En Estados Unidos se debe haber presentado en cinco ciudades incluyendo Washington, Nueva York, Texas, en fin. Así que es una obra que tiene una gran trayectoria y para mí el hecho que se haya repuesto en Buenos Aires con un elenco nuevo y un director muy joven, Mauro Pérez, que ya había hecho una obra mía como su tesis universitaria; me ha despertado una gran curiosidad y justamente muy pronto voy a estar en la ciudad de Buenos Aires para ver esta versión y también “El cazador y el buen Nazi”.
‘Cita a ciegas’ es y fue mi obra más exitosa, se dio en 20 países y te diría que en 25-30 ciudades”.
-¿Estás en proceso de escritura de otra obra?
–Siempre estoy en proceso, es lo que decidí después de dejar la universidad y es una fuente de energía para mí y de gran felicidad.
-¿Lo que se viene es producto de alguna inspiración o es ficción pura?
-Es una adaptación de una obra Shakespeare, es un gran desafío por el material; es una recreación en realidad porque no uso ni el diálogo shakesperiano ni la época, pero teniendo en cuenta quién es el que me está mirando desde atrás, es un enorme desafío y un gran responsabilidad.




