La última obra de David Fincher estrena hoy 4 de diciembre en Netflix. Siendo uno de los pocos, tal vez últimos, directores cuyo nombre es garantía de entradas vendidas y nominaciones a premios, elige ser producido y estrenar en una plataforma de streaming, en lugar de un gran estudio. Una incómoda carta de amor a la época dorada de Hollywood, donde nos permitirá visualizar las entrañas de la industria del entretenimiento.
Orson Welles recibió total libertad creativa y presupuestaria para realizar su ópera prima. Es por eso que para la escritura del guión de “Citizen Kane”, encierran a un fracturado Herman J. Mankiewicz en una casa lejos de cualquier distracción. Como el propio Mank declara, no trabaja con la mitad de los productores y la otra mitad no trabaja con él. Conseguido por su locuaz verborragia y sus extraños ideales, un verdadero paria de la industria. Mientras el complejo proceso de escritura transcurre, repasamos porque y como llego hasta ahí.
La mera existencia de esta obra es, en cierto modo, satírica. La historia transcurre, en su mayoría, durante los años 30s, cuando las grandes casas productoras gobernaban la industria cinematográfica. Ellos dictaminaban que vería el pueblo en las salas de cine. Pero, e aquí lo interesante, para realizar esta película es Netflix quién le brinda la pantalla y los recursos a Fincher. Una plataforma de streaming, que su negocio es renegar de los cines. De las titánicas “mayors”, ya no queda nada. Ninguna de ellas hoy en día elige tomar riesgos, ni producir algo que no tenga su ganancia asegurada, como una franquicia o algo con superpoderes. Es así como directores consagrados toman la decisión de buscar otros caminos y otras ventanas de exposición, como también le sucedió a Martin Scorcece.
El abordaje sobre el poder de las imágenes es más que interesante. Más visto desde una época donde estas lo son todo. Apenas comenzado el siglo, los grandes empresarios ya se habían dado cuenta que los fotogramas en movimiento poseían la capacidad de implantar ideas en las personas. No solo servía para contar historias hiperbólicas, las campañas políticas y propaganda sensacionalista eran la otra cara de la moneda. El público ingenuo digería todo lo que se reflejaba en la pantalla, como bien nos aclara en dos ocasiones Mankiewicz.
“Le escribi una narrativa perfecta y le sugiero un destino. Adonde lo lleve es su trabajo” Herman J. Mankiewicz
Más que un sentido homenaje, se siente como una película clásica. El caracteristico blanco y negro marca en si mismo la época. Como tambien lo hace el montaje, lleno de fundidos a negro. La cámara posee la fluidez de la actual, pero en los encuadres la configuración tradicional del viejo Hollywood, generando un híbrido alucinante. Sumado a los efectos lumínicos utilizados para dar vida a las características oficinas y despachos de esa década, la persiana americana no podía faltar en una obra de este calibre. Con unos discretos guiños al fílmico de la mano de unas pequeñas trucas de postproducción que asemejan el rodaje en soporte analógico. Sin obviar varios toques orwellianos aquí y allá, que se vislumbran a lo largo del film.
David Fincher ilumina el sombrío secreto sobre el guión de una de las obras cinematográficas más importantes del séptimo arte. Mostrando el detrás de una industria llena de fábricas de sueños. No solo eso, además pone en primera plana el rol del guionista, muchas veces invisibilizado. Un aporte más a la fama de persona intratable laboralmente, que posee Orson Welles. Es para el amante del cine clásico, un último gustito, uno de esos que ya casi no se ven y para el que no, una puerta de entrada a un mundo maravilloso, lleno de drama y falto de superpoderes.

Calificación
Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación
David Fincher ilumina el sombrío secreto sobre el guión de una de las obras cinematográficas más importantes del séptimo arte. Mostrando el detrás de una industria llena de fábricas de sueños. No solo eso, además pone en primera plana el rol del guionista, muchas veces invisibilizado. Un aporte más a la fama de persona intratable laboralmente, que posee Orson Welles. Es para el amante del cine clásico, un último gustito, uno de esos que ya casi no se ven y para el que no, una puerta de entrada a un mundo maravilloso, lleno de drama y falto de superpoderes.




