“La vida dormida”, ópera prima de Natalia Labaké.

El viernes 8 de octubre se estrena en el Malba.

Podrá visualizarse todos los viernes de octubre a las 19hs en Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415. Las entradas estarán en venta exclusivamente en la web del museo. Además, la película formará parte de la Competencia Argentina del 17° Festifreak, festival platense que se llevará a cabo del 1 al 17 de octubre. Por Nito Marsiglio.

Su estreno internacional fue en el marco del prestigioso IDFA 2020 (International Documentary Film Festival Amsterdam) en dos secciones, Luminous e IDFA Competition for Creative Use of Archive, donde obtuvo una Mención Especial del jurado al ReFrame Award. El estreno nacional fue en la sección Noches especiales del 22° BAFICI. 

Corre el año 1989 en Argentina. Haydée registra en video la carrera política de su esposo Juan Gabriel Labaké. Juan es un peronista de centro derecha -defensor legal de Isabel Perón- que hace campaña para presidente del partido justicialista junto a Carlos Menem. Entre actos de campaña y viajes de negocios se cuela la vida familiar en Buenos Aires con tertulias multitudinarias y fuertes discusiones políticas entre los hombres de la familia. Pasados treinta años caemos en el presente. La directora y nieta del matrimonio, retoma la posta de su abuela aunque ahora dándole un nuevo sentido; la cámara se vuelca hacia las mujeres de la familia, especialmente a su hermana Agustina y a su tía Bibiana, quienes solo aparecen en papeles secundarios en las películas caseras de su abuela en la década de los 90’s. Bibi pasa sus días en un instituto de rehabilitación, mientras Agustina, que sufre de ansiedad, aún vive en la casa de sus padres. Ambas buscan con hastío y misticismo respuestas a su desasosiego mientras el patriarca de la familia conserva la ilusión de volver a ver a la gran nación toda unida sobre las bases de un peronismo de verdad, un peronismo de Perón.

La directora reflexiona sobre la obra con estas palabras: “No tengo certezas, pero conservo casi como un instinto de supervivencia, las ganas de intervenir y de hacerme presente desde esta fragilidad, confiando en lo incompleto y en lo tembloroso. Creyendo desde siempre que el cine nos ayuda a vivir, porque habla su propia lengua y puede, cuando se lo permite, escaparle a las lógicas del patriarcado. Confío en el archivo, en el ajeno y el propio, en las verdades que convergen y resisten el paso del tiempo. Intentando transmutar la sequedad de espíritu, el vacío y la angustia, a las que nos arrojaron una vida gobernada por hombres de derecha.”

 

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