El mundo al revés es una película argentina dirigida por Agostina Di Luciano y Leon Schwitter, Alejandra, con la producción de Di Luciano y la compañia suiza Sabotage Filmkollektiv. El casting en su mayoría es la familia Escalante: Martin Calcagnino, Gustavo Escalante, Dana Escalante, Omar Escalante, Jimena Escalante, Mara Luna, Rulo Escalante, Noah Escalante, Lily Toranzo y Mabel Escalante.
En una hora y cuarto de duración, nos cuentan la historia de un pueblo en el interior del país, la historia de una familia de una madre con su hijo, como madre soltera y el abuelo de Noah que es su figura paterna. Algunas fotos son tan genuinas, tan reales, momentos que atesoramos hasta el último día de nuestra vida. Los niños en el arroyo, juegos, barro, naturaleza, paz. La conexión con los amigos, con los animales. La lucha entre lo natural y lo artificial.

La identidad humana se vuelve un motor en el metraje, ver las luces y las sombras, no es una película más, es una forma de entender que el cine no es solo Hollywood, sino que es una antítesis de eso. La diferencia entre la plata de una producción fría, en contraste de lo artesanal, lo que se hace con amor y que conecta con todos, porque son historias que pudimos vivir en algún momento.
La producción hace foco en lo que nos hace humanos, no esclavos de un sistema ni robots en búsqueda del lujo material, sino en los momentos, las cosas que pasan mientras en las ciudades solo vemos a la vida a través de un celular o de un televisor. A partir del segundo acto empieza a llegar al campo la ciencia ficción, algo similar a la luz mala, las leyendas urbanas, las puertas como portales.

Es interesante pensar si esto podría ser una historia que se transmitió de generación en generación. La escena de Noah con el abuelo cuando le cuenta que no pudieron salvar a una burra y el nene arma una historia con sus juguetes. Es la forma en la que se cuentan los relatos y se pasan de persona en persona, con el agregado del gesto de Noah que solo puede existir en la mente pura de un niño. La lucha contra los incendios, es algo que también aparece en el metraje.
El descubrimiento de la pared en el armario, el cambio que genera en la visión de Roxy y de Lily que están en la casa y muestra la manera tan distinta de ver un hecho a diferencia de las inseguridades de la ciudad. Ante algo que no conocen, eligen dar ofrendas, purificación, información, acercarse, aprender del otro, alimentarse de lo inexplicable. Da mucha fuerza este arco para mostrar las diferentes formas en las que podemos afrontar algo que parece fuera de lo imaginable y de lo posible, todo encuentro es una oportunidad.

En los apartados que se apoya la película son la dirección y el casting, es muy fácil ver la química que hay en el elenco, es la dinámica familiar que seguro estaría sin una cámara enfrente. La banda sonora a cargo de Hora Lunga consigue llevarnos a ese mundo rural, nos construye el relato de todo lo que vemos y todo lo que sucede con cada uno de los personajes y sus historias. Aunque están en el mismo lugar, cada uno tiene historias diferentes que luego confluyen en las reuniones o cenas familiares. La fotografía de Agostina Di Luciano, Luisina Guffanti, Leon Schwitter nos lleva a la tranquilidad y sentir la conexión de los protagonistas con su entorno natural.
La cena final es el resumen de la película, los adultos buscan negar lo que le ocurrió a Omar, pero Noah, al mejor estilo “El Principito”, piensa y teoriza que pudo pasar, no se cierra en que no puede ser real. En esa posibilidad, nace su razonamiento, en caso de que sea real, ¿Qué pudo ser?. El final, la escena de Roxy y Lily, se apoya mucho en la frase de Noah. Lo que dice el muro no sabemos si es algo real, si es un espejismo o es incluso una proyección de lo que ellas sienten.
Pedro Ignacio Pérez Naveira.



