El dueño de una peluquería canina a las afueras de Roma se deja influenciar por un delincuente local hasta que su vida personal se complica y decide tomar las riendas de la situación. Por Bruno Calabrese.
Mateo Garrone suele indagar a cuestiones relacionadas con las condiciones humanas. En su clásico “Gomorra” (por la cual recibió el Gran Premio del Jurado en Cannes) el director analizaba en forma cruda las las actividades de la mafia napolitana y sus implicancias en las vidas de sujetos comunes en los suburbios Nápoles. Cinco historias donde se reflejan los efectos de la criminalidad en aspectos de la vida cotidiana con una elevada dosis de realismo y presentando los principios e ideas que rigen las vidas de, quienes sin ser parte de la mafia, se relacionan con ella de alguna forma, obteniendo ventajas o sufriendo daños.
En su nueva película vuelve a indagar esos aspectos pero esta vez dentro del micromundo de Marcello, un peluquero de perros, que también vende y consume cocaína. El narcomenudeo le permite vivir dignamente, ya que al local no entra gran cantidad de gente. De esta manera puede pasear con su hija en barco, y salir a tomar algo con vecinos del barrio, con total tranquilidad, sin necesidad de privarse de nada. Todo se complica cuando un amigo regresa de la cárcel y se transforma en un dolor de cabeza para todos los vecinos. A partir de ahí, el protagonista comenzará a transitar un camino peligroso en donde se mezclará el instinto de preservación y los límites entre la ética.
Presentada en el Festival de Cannes en el año 2018, “Dogman” estuvo nominada a la Palma de Oro y se alzó con el premio al Mejor Actor a Marcello Fonte, quien interpreta al peluquero de manera notable. En el principio de la película, el protagonista se muestra como una persona tranquila, sumisa, que se dedica a su hija y disfruta de sus momentos de soledad. Los cambios en la personalidad a medida que el vínculo con el violento Simoncino (que en un principio parece servirle para cuidar su negocio de venta de cocaína) pero a medida que este comienza entrar en confianza se va transformando en un riesgo para él. Ahí radica la principal virtud del actor que lo hizo merecedor del premio, en poder transformar su personaje en una especie de antiheroe sumiso, manipulador y cobarde, que nos pondrá incómodos y tensos dentro de un clima de permanente ebullición. La presencia de Simoncino (Edoardo Pesce) es el otro acierto del director. Violento e incontrolable, es una permanente amenaza para todos los que lo rodean. Descomprime corriendo en moto de una punta a la otra sin parar. Una especie de perro rabioso, que parece que nos va a atacar en cualquier momento.
La ambientación de los suburbios italianos, con una estética minimalista y el sonido ambiente le dan mayor realismo a la historia. Una fotografía impecable, donde predomina la oscuridad y las paredes rotas de los edificios viejos, sumado a los colores fríos de amaneceres y atardeceres.
“Dogman” es una fábula potente y conmovedora. Dura y violenta, una especie de “David y Goliat”, sobre un hombre amable, que ve su mundo en peligro que lentamente irá corriendo los límites éticos para llegar a un final inesperado. Una de las mejores películas del 2018, que lamentablemente llega tarde a nuestras salas.
Puntaje: 85/100.




