En lo que se puede considerar como uno de los momentos claves en la historia de la política argentina, Federico Sosa logró retratar la perspectiva y mirada de un dirigente peronista de La Matanza durante dos campañas en concreto; 2019, con la victoria de Alberto Fernandez y en 2023 con la derrota de Massa. Este documental hace foco sobre el desgaste y la persistencia de la militancia.
Lejos de lo que es un documental tradicional, este film muestra la verdadera esencia de la militancia. No busca planos exagerados, ni escenas producidas, sino busca la genuinidad de aquellos que luchan por sus deseos y sueños propios y ajenos; desde el viaje a las marchas con las banderas, el mate que circula mientras se discute una lista, la caminata por el barrio puerta a puerta, la reunión interna donde las ideas chocan con los cálculos.

El film sigue a Pablo Ayala, dirigente peronista de La Matanza y candidato a diputado nacional, durante las campañas de 2019 y 2023. Cuatro años separan los dos momentos, y esa distancia le da al documental su verdadera materia: no se trata solo de qué hace un militante en tiempo electoral, sino de qué queda de él cuando el entusiasmo se enfría, y cuando los resultados no se dan. Entre actos, internas y desencanto, Ayala funciona como un espejo de un peronismo atravesado por sus propias tensiones, sin que la película necesite subrayarlas con discursos ni voces en off.
Sin duda, aquello es unos de sus aciertos. Sosa confía en la observación y deja que sean los gestos, los silencios y las conversaciones cotidianas los que hablen. El retrato es íntimo pero no complaciente: Ayala aparece con sus convicciones y también con sus cansancios, y esa humanidad hace al personaje creíble.
La puesta en imágenes acompaña esa decisión. La fotografía y cámara de Aylén López encuentra planos interesantes en espacios que podrían resultar simples: un salón, una vereda, el interior de un auto en movimiento. Hay una atención al detalle y a la textura del territorio que le da a la película un lugar propio dentro del documental político argentino. El montaje de Emiliano Serra ordena con fluidez el material de dos períodos distintos, y la música de Santiago Pedroncini y el trabajo de sonido de Pablo Orzeszko y color de Laura Palottini completan una factura técnica cuidada, que está al servicio de la historia y no la opaca.

Quizá lo más valioso de “Militante” sea la importancia de lo que cuenta. En tiempos en que la política trae conflicto, división y peleas, el film vuelve la mirada hacia quienes sostienen el trabajo cotidiano en los barrios, muchas veces sin cámaras ni reconocimiento. Y lo hace sin idealizar: la persistencia de las grandes luchas del movimiento nacional y popular convive en pantalla con la fatiga y la duda, y es en esa tensión donde la película encuentra su mejor pulso.
En conclusión, “Militante” de Federico Sosa es un film que muestra la crudeza y la realidad que es la militancia en los barrios durante las campañas electorales, pero también durante ese periodo en donde el foco ya no está más en los barrios. Y es en ese preciso momento en donde el verdadero trabajo ocurre y tiene importancia. Sosa logra retratar a Pablo Ayala sin idealizarlo, mostrando tanto la convicción como el cansancio de quien sigue militando cuando los resultados no llegan. Entre la victoria de 2019 y la derrota de 2023, la película deja una pregunta abierta sobre qué sostiene a la militancia de base cuando las cosas no salen como esperaban. Una obra honesta, necesaria y de gran valor para entender un momento clave de la política argentina, que invita al debate tanto a quienes comparten esa tradición como a quienes la miran desde afuera.




