Crítica de “La masacre de Flores”

Memoria contra el horror

La nueva miniserie documental, producida por Juan José Campanella y dirigida por Augusto Tejada, estrenó sus tres episodios en la pantalla de HBO. A través de ellos, la producción aborda de forma integral uno de los crímenes más brutales de la historia argentina al reconstruir en detalle los hechos del 17 de febrero de 1994. Aquella noche, un incendio intencional terminó con la vida de casi toda la familia Bagnato y un amigo de la infancia. Desde el presente, el único sobreviviente, Matías Bagnato, se confiesa frente a la cámara en un relato desgarrador sobre el dolor y la resiliencia.

El núcleo de la docuserie cobra fuerza mediante un extraordinario trabajo de edición y montaje. De hecho, los videos caseros de la familia, las entrevistas y las imágenes de archivo dan forma a la serie junto a audios inéditos de la época. Este valioso material rescatado del pasado articula un relato tan asfixiante como verídico, permitiendo al espectador ver a las víctimas con vida y escuchar sus voces.

Así, mientras Matías expone lo difícil que es poner el horror en palabras, la narración se apoya de manera orgánica en el archivo al mechar permanentemente las filmaciones de los noticieros con los testimonios del bombero Carlos De Rissio, los vecinos y el policía que ayudó al joven a escapar por la ventana.

Un punto importante del relato es la participación de la periodista Cristina Pérez. La cronista fue la primera en llegar al lugar del desastre con apenas 21 años, por lo que su perspectiva aporta una cercanía generacional única con los 16 años que tenía Matías en ese momento. A partir de allí, el misterio del incendio cede ante los rumores de venganza. En este tramo, las declaraciones de la niñera y de la tía de Matías resultan fundamentales para esclarecer el trasfondo del crimen.

Por su parte, el documental profundiza en el origen económico del conflicto. Todo comenzó con la quiebra de la fábrica de zapatillas del padre de Matías debido a la apertura de importaciones desde Brasil. Este escenario propició la entrada de Fructuoso Álvarez González, alias “Cacho”, un pariente político adinerado que ofreció una ayuda inicial. Sin embargo, aquel auxilio pronto se transformó en un laberinto de amenazas extorsivas que ni la abuela Norma pudo frenar, incluso después de vender un departamento para intentar calmar las exigencias de dinero.

La producción apuesta por una narración directa y transparente, donde el impacto no reside en giros de guion inesperados, sino en la contundencia de los hechos reales. Por ello, la segunda mitad de la serie se ocupa de ver cómo Matías trata de rearmar su vida a partir también de algunos cambios personales, de su carácter mediático, su participación en el reality Gran hermano y, especialmente, gracias a su relación continua con la que fue su niñera y con su abuela Norma.

Lo cierto es que el padecimiento de Matías no culminó ni con el crimen ni con la condena, ya que su miedo continuó durante muchísimos años más, por la sospecha o la posibilidad latente de que el asesino volviera a dañarlo. De este modo, la producción explora con sensibilidad las complejas secuelas del después, retratando una pesadilla judicial y humana de décadas a través de una obra necesaria que sacude al espectador.

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