Tras su paso por los festivales de Cannes, donde obtuvo la Queer Palm, San Sebastián y Telluride, desde ayer viernes se encuentra disponible en MUBI Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, la nueva película de Jane Schoenbrun. La directora propone un viaje que comienza como un homenaje al cine de terror de los años 70 y 80 para luego adentrarse en un universo mucho más surrealista. Protagonizada por Gillian Anderson, Hannah Einbinder, Jack Haven, Amanda Fix, Jasmin Savoy Brown, Arthur Conti y Eva Victor, entre otros, la película mezcla terror, deseo y una mirada sobre el propio mundo del cine.

La historia sigue a una joven directora que recibe el encargo de revivir la franquicia Campamento Miasma después de años de secuelas que no estuvieron a la altura de la original. Para hacerlo, busca acercarse a Billy, la actriz que protagonizó aquella primera película y que ahora vive recluida y rodeada de misterio. Lo que comienza como un proyecto cinematográfico pronto se convierte en una experiencia cada vez más extraña, donde los límites entre la ficción y la realidad empiezan a desdibujarse.

Desde el comienzo, la película juega con la nostalgia por el cine de terror de décadas pasadas. La sangre, el gore y los códigos del slasher están presentes, pero Schoenbrun no tarda en llevar la historia hacia otro lugar. El relato se vuelve cada vez más surrealista y deja de lado las reglas del género para sumergirse en un mundo donde el deseo y la sexualidad ocupan un lugar central. El terror sigue presente, aunque ya no alcanza con las convenciones del género para entender todo lo que sucede.
Pero Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma también es una película sobre el cine. No solo por la historia de una directora que intenta recuperar una franquicia, sino porque esas mismas películas originales están presentes a lo largo de todo el relato, a través de fragmentos que funcionan como un recordatorio constante de ese pasado. La relación entre el cine que se hizo y el que se quiere hacer aparece atravesada por una pregunta sobre cómo contar estas historias en la actualidad y qué hacer con aquello que quedó de otra época.

En ese sentido, el personaje de Gillian Anderson tiene un peso particular. Su presencia remite por momentos a Gloria Swanson en Sunset Boulevard, una comparación que la propia película se encarga de señalar. Como aquella actriz que quedó ligada para siempre a su pasado cinematográfico, Billy parece atrapada en una imagen que ya no coincide con su presente. Frente a ella, la joven directora representa otra mirada, con nuevas ideas y una forma distinta de entender qué lugar pueden ocupar el género, la sexualidad y las identidades en Hollywood.
Palabras como queer, woke, capitalismo o perspectiva de género aparecen dentro de ese choque entre dos maneras de entender el cine. La película no deja de lado las discusiones que atraviesan a la industria actual y las incorpora a su propio universo, entre provocaciones, humor y situaciones cada vez más delirantes. Al mismo tiempo, el deseo atraviesa tanto la relación entre los personajes como la propia forma en que Schoenbrun construye sus imágenes.

Con Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, Jane Schoenbrun toma los elementos del terror clásico para llevarlos hacia un terreno personal, donde la nostalgia por el cine del pasado convive con las preguntas sobre cómo se hacen y se interpretan las películas en el presente. Una propuesta que comienza mirando hacia los viejos slashers, pero que termina perdiéndose en un universo mucho más extraño, donde el cine, la identidad y el deseo se mezclan hasta volverse difíciles de separar.




