Desobediente cuenta, a través de la vida de Analía Kalinec, la experiencia de las hijas e hijos de genocidas que repudian los crímenes de sus padres y luchan por la defensa de la democracia. Analía es una activista por los Derechos Humanos y fundadora del colectivo Historias Desobedientes, colectivo que, desde mayo de 2017, reune a hijas e hijos de genocidas que repudian los actos de sus padres y exigen justicia. Ella es hija de Eduardo Kalinec (Doctor K), excomisario de la Policía Federal condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad en la última dictadura militar.

La película recorre, con el testimonio de ella, parte de la vida de Analía, en donde ella cuenta como fue su infancia junto a su padre, su familia, sus tradiciones y la crianza junto a sus hermanas. Algo que termina siendo solo una introducción para contrastar lo que narra después. Ella prosigue y cuenta el momento en que se enteró que ese padre tan presente y cariñoso, habia sido un genocida, y reconocido en las fuerzas, durante la última dictadura cívico militar argentina.

El documental comienza con el relato de Analía omitiendo lo crucial de éste, que es el hecho de ser hija de un genocida represor, para dar un golpe de timón en segundos y pasar de una historia nostálgica, de infancias, de crianza, a el momento en el que un llamado trae la noticia de que su padre está preso y es por delitos de lesa humanidad. Un contraste en el relato que un poco busca la empatia del espectador para, de alguna manera sutíl, transmitir esa sorpresa y ese golpe que Analía sintió al enterarse que ese hombre que demostró tanto amor hacia ella y sus hermanas, realizo hechos tan aberrantes como secuestrar, torturar y asesinar a personas solo por pensar diferente.

Luego, el relato de Analía comienza ser un poco menos personal. Habla sobre su colectivo “Historias Desobedientes”, retrata un poco cómo encontró un refugio en ésta comunidad que entiende su sentir, su pesar, y además de acompañarse en el sentimiento, se acompañan en las marchas, en sus proyectos de ley, la búsqueda de reconocimiento como actores de resistencia a pesar de sus padres y sus exigencias de justicia y verdad. En el trazo ella charla con personas importantes en la lucha por los derechos humanos, entre ellas con Taty Almeida, donde ella da su mirada sobre este nuevo colectivo y pone un poco en contexto el sentir de las Madres de Plaza de Mayo con esta forma de resistencia y reconocimiento a la verdad. Ana María Coreaga fue una de las víctimas de Eduardo Kalinec, y también charla con Analía, en una conversación que refleja la posición de ambas y su unión, a pesar de que en el imaginario popular eso no se espere.
También se van sumando testimonios de familiares de represores de Chile, Uruguay, Paraguay, España y Alemania quienes también toman la posición de desobediencia ante el genocidio y el mal uso de las fuerzas estatales. De a poco, el documental comienza a poner foco en la lucha colectiva, por sobre la vida personal de Analía.

El documental comienza mostrando una experiencia personal, que conecta y hace empatizar al espectador/a con esta situación tan atípica y difícil, en donde el hombre que demostraba tanto amor, el lugar seguro de una niña y sus hermanas, al cual ellas esperaban cada día, a su vez era un torturador y genocida reconocido en las fuerzas. Después, se va poniendo en el centro de la narrativa el colectivo y la idea de hacerlo internacional. Su importancia, tanto para sus miembros como para la lucha. Se puede decir que el caso personal es una introducción a lo político, en donde una lucha por la verdad y la exigencia de justicia unifica a todos los actores que han sufrido de cerca el terrorismo de estado. Mejor dicho, de mucho más cerca, porque el terrorismo de estado deja huellas en cada ciudadano/a que habita y convive en una sociedad. Por eso es que, poco a poco este gran documental refuerza la importancia de la comunidad, lo colectivo, y termina siendo político, como la vida misma.




