A veces cuenta extrapolar el concepto de cine independiente a nuestro territorio. Sin embargo, el BAFICI se encarga año a año de hacerlo. Programando películas como “El gato de Borges” de Moro Anghileri. Una producción completamente autogestionada, que invita a los espectadores a una fiesta cuya ganancia servirá para terminar de pagar el audiovisual.
Una violenta protesta se desató en las calles. Un grupo de desconocidos espectadores se ve obligado a quedarse refugiados dentro del cine. Se verán obligados a interactuar entre ellos, dejando salir miedos, inseguridades, valentías y temores. Pero sobre todo, deberían interactuar con ellos mismos, obligados a enfrentar quienes son realmente.
Si bien la idea de hacer una película en el contexto actual, linda entre la locura y un sueño, los integrantes de Cine por actores deciden aceptar el desafío. Reflejando en cada plano la búsqueda de la decisión más pragmática posible, buscando una economía de recursos que no abundaban. En resumen, tomando las decisiones que le generen un mayor veneficio a la película. Consiguiendo con poco, contar un montón y siendo el resultado una película de lo más interesante.
Con un excelente uso del blanco y negro, uno de los símbolos del cine independiente. Utilizando pocos planos por escena, pensando la puesta para que la cámara esté puesta en lugar donde se pueda contar más con menos planos. El tiempo siempre apremia cuando el presupuesto escasea.
“El gato de Borges” de Moro Anghileri, maniobra con la dificultad de tener 12 protagonistas y sale victoriosa. Transforma una sola locación en un mundo aparte, donde todo es posible. Convierte a 12 desconocidos en una familia, tan funcional como cualquiera. Y además, mediante el humor logra hacer catarsis sobre la situación actual. Empezando por el ámbito local y extendiéndolo al global.





