Romería es una película íntima, cargada de memoria y fantasmas personales. Carla Simón vuelve con un ejercicio muy personal: Marina, interpretada por Llúcia García, tiene 18 años y, tras haber sido adoptada, decide viajar a Vigo para conocer por primera vez a la familia paterna. Su padre biológico murió de sida, su madre también, y lo que comienza como un viaje para “ver si hay papeles” se convierte en algo más profundo, una peregrinación emocional hacia la verdad de sus padres, sus errores y su otra familia.

La directora no se limita a una historia terrenal, mezcla lo autobiográfico con pasajes casi oníricos, donde los recuerdos se construyen, se fragmentan, se reinventan. Hay momentos muy poéticos que evocan nostalgia, y una forma de contar la memoria que no es lineal ni totalmente fiable.
Llúcia García sostiene el filme con mucha honestidad en su primer largometraje. Su Marina no grita, no exige respuestas de golpe, más bien las busca en miradas, en la lectura del diario de su madre y en la relación con su primo. Los personajes de su familia paterna están marcados por la vergüenza, la culpa y el dolor, especialmente por el estigma social. Carla Simón les da voz sin juzgar demasiado, lo que genera una sensación de respeto profundo hacia esa generación marcada por tragedias privadas.

A nivel visual y sonoro, Romería también brilla. La fotografía de Hélène Louvart captura muy bien la Galicia costera, los paisajes, las casas antiguas, el mar como espejo y la profundidad de un viaje para encontrase con su pasado. La música, con temas de Lole y Manuel, y el diseño sonoro contribuyen a esa atmósfera de memoria viva, con emociones y ecos familiares.
Pero no todo es perfecto. La película, por lo contemplativa, puede sentirse lenta, lo poetico demora en aparecer. Por lo que, esa mezcla de realismo y fantasía, aunque bella, a veces debilita el impacto dramático y se termina sintiendo fuera de lugar.

En definitiva, Romería es un filme que funciona como un viaje. No es malo, ni perfecto, pero sí muy personal. Tiene momentos de belleza, de confesión íntima y de memoria dolorosa que resuenan más allá de lo explícito. Es una película que vale la pena ver.




