“Los pilares de la sociedad”. Crítica

El clásico de Ibsen en calle Corrientes.

Ir al teatro a ver un clásico siempre tiene algo especial. Hay una sensación particular —casi mística— en encontrarse con textos que atravesaron más de un siglo y siguen vivos sobre el escenario. Uno de esos ejemplos es Los pilares de la sociedad, obra que Henrik Ibsen escribió en 1877 y que desde hace varias semanas se encuentra en cartel en el Teatro Alvear (Av. Corrientes 1659), con dirección de Jorge Suárez.

La historia gira en torno a Karsten Bernick, un poderoso empresario y figura respetada dentro de su comunidad. Su imagen pública lo ubica como uno de los “pilares” de la sociedad, pero la llegada inesperada de su cuñado amenaza con remover viejos secretos y poner en duda esa reputación construida durante años.

La adaptación logra acercar ese universo del siglo XIX al presente sin forzarlo. Algunos giros del lenguaje y ciertos matices en la interpretación ayudan a que el texto se sienta cercano, evitando que la obra caiga en un tono excesivamente solemne o distante. El resultado es una puesta que respeta el espíritu del material original, pero que se deja ver con naturalidad hoy.

Se trata además de una obra coral, con muchos personajes en escena. Cada uno está claramente delineado y eso permite que el relato avance con fluidez. El elenco responde con un trabajo sólido y parejo. Martín Seefeld, Eleonora Wexler, Mara Bestelli y Gerardo Chendo tienen los roles más centrales dentro de la historia y aprovechan bien ese lugar, pero el conjunto funciona como un verdadero equipo donde cada intervención suma al desarrollo de la trama. Completan el elenco, Edgardo Moreira, Pablo Finamore, Antonia Bengoechea, Alfredo Castellani, Daniela Catz, Susana Giannone, Gilda Scarpetta, Agustín Suárez, Lolo Crespo, Fernando Sureda, Luis Longhi y Donata Girotti.

Desde lo visual, la propuesta impacta desde el primer momento. La escenografía de Marlene Lievendag y Micaela Sleigh, junto con el vestuario de Laura Singh, construyen un ambiente muy cuidado que transporta inmediatamente al período en el que transcurre la historia. Hay un trabajo de detalle que se percibe apenas se entra a la sala y que ayuda a que el mundo de la obra se establezca con claridad desde el comienzo.

Los pilares de la sociedad confirma algo que suele repetirse con los grandes clásicos, cuando el texto es fuerte y la puesta encuentra el tono adecuado, el paso del tiempo no juega en contra. Al contrario, permite redescubrir esos conflictos desde una mirada actual y comprobar que muchas de esas preguntas siguen resonando hoy.

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