La historia se centra en dos hermanos: Manuel (Pedro Fontaine) y Oscar (Marco Antonio Caponi), quienes enemistados por un suceso del pasado, que aún no han superado, se vuelven a juntar para retomar un oscuro negocio que parecía olvidado, para uno de ellos. Los hermanos junto con su tío (Oscar de la Fuente), quien maneja el negocio, falsean la muerte de personas desesperadas, que se encuentran envueltas en situaciones turbias y en peligro, creando luego una nueva identidad en otro país.

Para aparentar las muertes, Manuel y Oscar inyectan en el cliente una combinación de drogas que lo dejan inconsciente, bajando los latidos del corazón hasta que este parezca muerto durante algunas horas. Las suficientes como para cumplir con su velatorio y entierro, convenciendo a todos, desde quienes lo persiguen hasta familiares y amigos, para luego por la noche desenterrarlo y revivirlo con un nuevo cóctel de drogas, iniciando así una nueva vida, sin ningún tipo de conexión con lo que hasta aquí había vivido.

En tanto, el nuevo cliente en cuestión es Ruiz (Federico Liss) un contador que prestó sus servicios a un grupo mafioso relacionado con el narcotráfico y que ahora se encuentra en peligro debido a maniobras extrañas que hacen que los números no cierren para el capo de la banda. Sin embargo, aunque el trabajo que los hermanos realizan parece no tener fallas, las cosas van a complicarse debido a conexiones internas e inesperadas entre los mafiosos, su tío y otros individuos que aparecen poniendo en riesgo la vida de cada uno de los personajes. Nadie está a salvo.

Aunque ya con lo narrado, se puede decir que la trama es más que atrapante, son solo palabras que cuentan lo que usted lector/espectador está a punto de ver, no obstante es demasiado poco comparado con la puesta en escena propuesta para contar esta historia. Un relato que no da respiro, con idas y vueltas inesperadas y giros sorprendentes, que por momentos parecen no tener salida. “Los renacidos” es un policial intenso, inteligente, entretenido y cautivante, que aprovecha al máximo sus a penas 85 minutos de film, arrasando la pantalla con un relato vertiginoso y magnético.




