Con Telefono Negro 2, Scott Derrickson (Sinister) regresa a su propio universo para contar lo que ocurre después de aquella perturbadora primera entrega de 2021. En lugar de repetir la fórmula de suspenso claustrofóbico que tan bien había funcionado, la secuela apuesta por abrir el juego y expandir su mitología, trasladando el conflicto a un terreno más abiertamente sobrenatural, con claras reminiscencias a la saga de A Nightmare on Elm Street ( Pesadilla en la calle Elm) o Friday the 13 (Viernes 13).

Tres años después de los eventos que marcaron la primera entrega, Teléfono negro 2 nos reencuentra con Finney, ya adolescente, cargando con las cicatrices emocionales de aquel encierro infernal que lo enfrentó a The Grabber. Sin embargo, esta vez el foco se traslada a su hermana Gwen, quien comienza a tener perturbadoras visiones que anuncian el regreso del asesino desde un lugar que parece estar más allá de la muerte.
Uno de los aciertos más notables es cambiar el punto de vista narrativo: si en la primera historia el eje era Finney, aquí es su hermana quien asume un rol central. Este desplazamiento permite que la historia respire, que explore nuevas emociones y que se sumerja en las secuelas psicológicas que dejó aquel trauma de la primera entrega. Hay una intención clara de profundizar en sus personajes, de entenderlos más allá de su rol funcional dentro de la trama, y eso le da un matiz interesante a la propuesta.

El problema es que, en su afán por crecer, la película pierde parte de la tensión que definía a la original. Lo que antes era un relato contenido y opresivo, ahora se vuelve más disperso. El ritmo fluctúa: por momentos logra generar una atmósfera inquietante, pero en otros se estanca en escenas que no aportan demasiado o en personajes secundarios que no terminan de tener peso real.
Otro punto que llama la atención es cómo la película abraza de forma más directa el elemento fantástico, algo que funciona a medias. La idea de jugar con el plano onírico —como hacía Freddy Krueger— es atractiva, pero aquí las reglas no siempre están claras, y eso le quita fuerza a los momentos más intensos. Además, aunque hay secuencias bien logradas visualmente, la historia nunca termina de encontrar un equilibrio.

Y si hay un aspecto que sufre especialmente, es el del villano. Lo que en la primera entrega era una figura perturbadora, cargada de misterio y tensión, aquí queda muy diluido. The Grabber pierde presencia e impacto, y su construcción termina pareciendo más un antagonista de caricatura —“casi un villano de Scooby-Doo”— que la siniestra amenaza que alguna vez fue.
Aun con sus irregularidades, no todo es negativo. Derrickson demuestra nuevamente un buen pulso para construir atmósferas densas y cargadas de tensión, y el cambio de enfoque hacia la relación entre los hermanos es una decisión acertada que agrega capas emocionales al relato.

En definitiva,
Telefono Negro 2 es una secuela que arriesga más de lo que juega a lo seguro, y eso, incluso con sus tropiezos, la vuelve una propuesta más interesante que muchas otras continuaciones genéricas. No supera a su antecesora, pero mantiene viva la esencia de ese universo retorcido, aunque ya no con la misma precisión y eso deja la incógnita de si realmente era necesario una continuación después de todo.




