“El juego de las 100 velas: la última posesión” de Guillermo Lockhart, crítica.

Cuando un mercado se satura, en este caso el del cine de terror, es muy difícil hacer que el público se interese nuevamente por él. Más si se tiene en cuenta que la gran mayoría de las obras mainstreams cuentan siempre con las mismas temáticas. Por eso cuando llega un caso distinto, atípico, que busca diferenciarse aunque sea en su ejecución, vale la pena darle una oportunidad.

“El juego de las 100 velas: la última posesión” muestra a un grupo de amigos influencers que se dedican a hacer contenido sobrenatural. Y para esta ocasión decidien probar el juego/ritual de las velas en la mansión de la “condesa negra”, uno de los lugares más embrujados de la región. Lo que ninguno esperaba, es que a medida que se desarrolla el juego todos comenzarían a ser víctimas de las influencias del más allá. 

Dylan, Amber, Cheryl y Koji intercambian historias de terror a la luz de cien velas, teniendo que apagar una por una al finalizar su relato. Así la obra muestra las diferentes personalidades del grupo junto a las verdaderas relaciones que mantienen. Con un estilo de “Relatos salvajes”, y un hilo conductor que siempre vuelve a la mansión, los jóvenes deben resolver cómo salir ilesos a la vez que se arrepienten de haber jugado. 

Sin dudas, la película se presenta como un soplido de aire fresco en el mundo del terror. Una historia compuesta por seis relatos breves, que nada tiene que ver el uno con el otro, salvo su propósito de ser. Es casi como una maratón de cortos. Y si bien algunos son mejores que otros, todos logran construir un clima de suspenso. En el que el miedo no proviene de un susto rápido y efectista, pero de una construcción prolongada en la que el “qué pasará” es protagonista.

La película, una coproducción Argentina-Nueva Zelanda, fue escrita por Camilo Zaffora y dirigida por Guillermo Lockhart y Charly Goitia. Su elenco protagonista está integrado por Nacho Francavilla, Josefina Fariña, Justina Ceballos y Zhongbo Zhang. Vale destacar la fotografía y a su director Luciano Montes de Oca, quien le imprime a cada relato su propia personalidad. Así como la música, responsabilidad de Luciano Onetti.

A manera de cierre queda decir que “El juego de las 100 velas: la última posesión” es una obra refrescante. Que encuentra un buen ritmo después de una primera escena medio inconexa pero que aporta desde el principio el tono de la película. Historias breves y grotescas, que construyen el miedo basado en la expectativa y la ambientación. Con un gran trabajo de producción y actuaciones que acompañan.    

Calificación

Dirección
Actuación
Fotografía
Música
Guion

Un película de terror que sorprende por sus formas y no tanto por su tema. Recomendable para pasar el rato.

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