Un camaleón que no llega a camuflarse

"Camaleón: el pasado no cambia" la miniserie de Eugenia "china" Suarez y Pablo Echarri que se queda a mitad de camino entre el drama emocional y una serie de denuncia

 

Camaleon: el pasado no cambia es una miniserie que pasa entre capitulos muy desconectados a algunos un poco mejores, con mayor o menor tensión, pero que nunca dejan al espectador deseoso de maratonearla. No sería el caso. Muchas veces el uso de actores tan mediáticos o populares opaca a la historia, eso no lo sabremos, pero lo que ocurre en esta, desde el minuto uno, es que no comprás el rol de periodista de Eugenia “China” Suarez. Desde ahí todo se hace cuesta arriba.

La historia tiene su disparador, una periodista con una familia feliz que se reencuentra con un famoso artista que se había aprovechado de ella cuando era adolescente y todo su mundo empieza a colapsar. Pablo Echarri es el partener de esta historia, quien sale un poco más aireoso por momentos, pero el resultado final es el mismo. Partiendo de la base que los personajes tienen que convencer, como mínimo hacer creíble esa tarea, se está muy lejos en ambos casos con los protagonicos. No ocurre eso con el elenco secundario, donde se destacan las actuaciones de Cecilia Dopazo y Federico D´elia. Ella como una modelo, ya abuela, que ve en el paso del tiempo un impedimento para verse con la belleza de su plenitud y aceptarse como es en el presente. Él como un empresario con vínculos políticos y con poder pero con problemas con su hija adolescente sin saber como abordarlos. El recurso de la utilización de estas tramas secundarias es contraproducente. Pierde al espectador y abre aristas que nunca terminan de cerrar. No son descanso del relato principal ni tampoco son detonantes aunque la intención sea esa. Hasta hubo tiempo de darle un tinte mafioso imposible de obviar por lo totalmente innecesario y descolocado del relato general.

El uso de los recursos técnicos y estéticos están a la altura de una producción de este tamaño pero vuelven a chocar con una historia que no termina de definirse. Se pueden apreciar en los flashbacks cierta estética, con una China Suarez haciendo de adolescente (¿principal motivo de su elección?), en la utilización de los planos cortos y esa busqueda de inestabilidad emocional que por momentos lo logra pero lamentablemente no consigue afirmarse.

Ante un tema tan delicado y actual recién al final se busca definir la postura de denuncia, puede ser una decisión pero ya se torna demasiado tarde con recursos mal gastados: problemas de adicciones tomados de forma liviana, crisis personales y familiares que no terminan de cerrar, el poder y la fama como encubridores tácitos e impunes, la visión de la sociedad y la familia que nunca termina de enfrentar el problema. Todo se diluye. Como indefectiblemente se diluirá este título en el catálogo cuando pase la novedad.

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