“TENGO MIEDO TORERO”, HÁBLAME DE AMORES. CRÍTICA

Se estrenó en CINE.AR una película de los que luchan por el amor y la libertad para vivir sin prejuicios, en un mundo más justo y empático con los diferentes, la película mexicana “Tengo miedo torero”.

Entre poetas, novelistas, ensayistas y otras yerbas, en plena primavera, florecieron en mi biblioteca los escritores marginales, Lezama Lima, Genet, Sarduy, Perlongher y Pedro Lemebel, entre otros; que desde el contenido, la forma o la actitud performática, dentro del sistema, hicieron lo posible por enfrentarlo, criticarlo y vulnerarlo, en busca de una libertad creativa liberadora, que abarca la política, el anquilosamiento social, las buenas maneras y el maniqueísmo sexual.

Fueron los grandes outsiders de la literatura, de las prestigiosas élites intelectuales de capillas cerradas y éxitos glamorosos, y siempre apuntaron a criticar la hipocresía de los poderosos y el desamparo de los marginales. Justamente, pasando de la literatura al cine, estrenaron en CINE.AR una película de los que luchan por el amor y la libertad para vivir sin prejuicios, en un mundo más justo y empático con los diferentes, la película mexicana “Tengo miedo torero” (2020): una coproducción de una sencillez expositiva y una apuesta por los valores humanos que sorprende y conmueve.

Dirigida por el talentoso Rodrigo Sepúlveda, basada en la novela publicada en 2001, por el inclasificable Pedro Lemebel, con un vestido rojo intenso y un tocado de plumas. La historia tuvo un enorme éxito, estuvo más de un año primera en ventas y recorrió el mundo.

Narra, con cierta inspiración en “El beso de la mujer araña”, de Manuel Puig, la historia de un viejo y excéntrico travesti, que vive en un barrio marginal y aloja en su casa a un guerrillero, que con su grupo planean asesinar a Pinochet (corría el año 1986), y que finalmente se frustra. El tema es que La loca del Frente, así la llaman al travesti, se enamora perdidamente del joven, a fuerza de boleros, disfraces, bailes y canciones de amor; pero el muchacho sólo busca una amistad y que le sirva a él y a sus amigos para tener un lugar para urdir el complot.

Con elementos autobiográficos, el intenso, patético y entrañable personaje se muestra solidario, cariñoso y lucha por la libertad sexual y política, en un compromiso personal con la fuerza que sólo da el amor, aunque termine siendo imposible.

Además de escritor, artista plástico y performer (junto al poeta Pedro Nieto crearon el grupo performánico Las yeguas del Apocalipsis y Lo que el sida se llevó, presentándose imprevistamente en actos culturales con provocaciones que asustaban al rígido mundo intelectual), Lemebel fue un acérrimo defensor del comunismo en Chile; creador de una literatura marginal y contestataria y pionero del movimiento queer en América Latina, shockeando a la sociedad conservadora chilena durante la dictadura de Pinochet.

Pero volviendo a la atrapante “Tengo miedo torero”, gran parte del mérito del film se lo lleva un actor extraordinario, de una ductilidad pasmosa (El club, El príncipe, Rojo), que compone al personaje con una dignidad e intensidad admirables, que es Alfredo Castro: uno de los actores más prolíficos y admirados del cine mexicano. Junto a él, se lucen Leonardi Ortizgris y Julieta Zylberberg, como aporte argentino.

“Me salvé del sida y me agarré el cáncer”, dijo Lemebel cuando se enteró que tenía un cáncer de laringe. En los últimos años, se dedicó de lleno a los talleres literarios, habló en universidades, obtuvo varios premios y dejó algunas obras inconclusas. Con resentimiento, valentía y audacia, se enfrentó al poder, defendió a los marginados y su pluma filosa se hundió en la hipocresía.

 

Calificación

Dirección
Arte y Fotografía
Montaje
Actuación

"Tengo miedo torero" es de una sencillez expositiva y una apuesta por los valores humanos que sorprende y conmueve.

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