“Yo no me llamo Rubén Blades” es un documental sobre el cantante panameño, dirigido por Abner Benaim. A modo de testamento autobiográfico, el largometraje recorre la vida y obra del “Poeta de la Salsa”, desde sus inicios en Panamá hasta la actualidad con 70 años recién cumplidos. Por. Bruno Calabrese.
Con 40 álbumes, 17 premios Grammy, Rubén Blades, además de músico, es actor, graduado como abogado en Harvard, y ha sido candidato a la presidencia de Panamá. Sin dudas un artista que tiene muchas cosas que contar. Pero no solo de su carrera musical, actoral y política, sino de sus pensamientos más profundos. Sus reflexiones sobre la muerte, sobre la sociedad, sobre la fama y sobre sus inicios con la música en el pueblo de Carrasquilla en Panamá.
La primera media hora de película se centra en conocer sus aspectos más personales, su infancia en Panamá, como afronta el paso del tiempo y la vejez, entendiendo que la muerte está cada vez más cerca (en el transcurso de la película muchas veces reflexiona sobre la misma). Pero no solo nos muestra eso, también vemos su relación con la religión de manera visual, rezando antes de una conferencia y en las tomas de su casa vemos siempre la imagen de Jesús en el vitró como un custodio permanente. Una impecable introducción que nos permite conocer más su intimidad, su personalidad por fuera del artista.
También vemos su relación con el exterior. Rubén camina mucho, y en su caminar se topa con gente que lo idolatra y lo saluda. Él siempre tiene un rato para retribuir ese saludo de manera amable y cordial, demostrando su humildad y su compromiso con el público que lo quiere y venera.
Rubén es consciente de su trayectoria, de todo el recorrido realizado, de todas las decisiones tomadas, y sabe explicarnos cómo y de dónde vinieron todas las cosas que congeniaron para hacerse de esa carrera estelar de la que hoy goza. Y como bien él dice “La vida te da te da sorpresas” y el film de Abner nos tiene deparadas muchas. Como por ejemplo, la palabra de grandes artistas internacionales como Sting, Paul Simon y René Pérez “Residente”, ex cantante de la famosa banda Calle 13. Además de grandes referentes la salsa, Ralph Irizarry, Oscar Fernández y Larry Harlow, entre otros.
Conoceremos lo que él llama su “punto negro”, la aparición de un hijo, a quien el reconoce 39 años después de haber nacido. Su dolor por no haber podido estar en la crianza de su primogénito, dolor que es consolado con la posibilidad de forjar una amistad con él y poder disfrutar de su nieta.
Son muchas imágenes inolvidables que existen en esta película. Además del valioso material de archivo, están las tomas en vivo que Abner registra de su gira, como el espléndido primer plano de Blades mientras interpreta “Patria” en el Madison Square Garden, el mítico auditorio que lo recibe repleto y entusiasta; o aquellas en donde en el pabellón de música de la Universidad de Harvard se pueden ver de puño y letra de Rubén, las líricas de las canciones de ‘Buscando América’, el fabuloso disco que editara en 1984.
Seguramente le reprocharemos la duración del metraje y no hablar de uno de sus grandes temas, “Desapariciones”, emblema de las canciones contra las dictaduras sufridas por Latinoamérica durante los años 70 y 80. De todas formas, se puede apreciar el trabajo realizado por el productor, director, guionista y artista plástico Abner Benaim, y nos permite conocer en profundidad la historia de este gran artista panameño, símbolo de la música latinoamericana. “Yo no me llamo Rubén Blades” es un documental autobiográfico, que sin asumir riesgos estéticos nos introduce en la vida del cantante, sin maquillaje y con total naturalidad. Lejos del glamour de los flashes, que muestra que Rubén no es un chico plástico y continúa caminando sin miedo, ni a la propia muerte y al paso de los años.
Puntaje: 70




