En esta historia de terror que nos ofrece Ernesto Aguilar, nos encontramos con Wendy, una mujer casada cuya vida toma un giro brusco cuando las pesadillas comienzan a invadir sus noches y la llegada de una jóven para el puesto de asistente se concreta. A partir de allí, los recuerdos de su pasado, los misterios del presente, y la culpa por sus propios actos la empujan a enfrentarse a una oscura verdad.
Este film no es la primera incursión de Ernesto Aguilar dentro del cine de terror, entre ellas se encuentran “El sotano de las almas”, “Lucy en el infierno” y la más reciente, “Apostando por el diablo”. En todas ellas aparecen elementos que ya forman parte de su identidad; posesiones, fantasmas, asesinos y rituales. “Trial” no es la excepción, y vuelve a demostrar el interés del director por explorar los aspectos más sobrenaturales del género, aunque esta vez con un relato que pone un mayor énfasis en la culpa y las consecuencias del pasado.

La historia es sencilla, pero atractiva; con el uso de los efectos prácticos, el recurso de la sangre y algunos momentos de desnudez le otorgan un tono más adulto, reforzando la sensación de que la amenaza tiene consecuencias reales para los personajes. Su principal virtud radica en la manera en que construye el misterio sin necesidad de recurrir constantemente a sobresaltos o escenas exageradas. El uso de las escenografías nota de un presupuesto limitado pero bien utilizado; las escenas de la secta y las pesadillas son un claro ejemplo de ello, y esto se debe gracias a la atmósfera inquietante que se crea mediante iluminación, ambientación y composición visual que funciona mejor de lo esperado.
Las actuaciones no decepcionan, aunque no llegan a convertirse en el aspecto más destacado de la película. El elenco compuesto por Clara Kovacic, Agustin Olcese, Lara Lusnich y Juano Arana hacen un trabajo corrector con el material que tienen, siendo Clara Kovacic quien logra transmitir con convicción el progresivo deterioro emocional de Wendy, mientras que Agustín Olcese vuelve a demostrar por qué es uno de los rostros más habituales dentro del terror independiente argentino. Ambos sostienen gran parte del peso dramático del relato y aportan credibilidad a una historia que depende en buena medida de las emociones de sus protagonistas.

Desde el momento que comienza hasta su desenlace, la historia es sencilla de entender, aunque las dudas y preguntas tardan en llegar, lo que hace que el suspenso y el misterio se alargue lo justo y suficiente. No hay un uso excesivo de efectos especiales, y eso es algo positivo, a veces el silencio, las diversas tomas y las actuaciones hacen el trabajo necesario para que la historia sea atrapante. Más allá de eso, no hay mucho más que resaltar, la película no se siente pesada ni aburrida pero tampoco es una historia excepcional o innovadora.
En conclusión , “Trial” es una propuesta de terror que, sin buscar reinventar el género, cumple con su objetivo de mantener la tensión y ofrecer un relato entretenido. Ernesto Aguilar vuelve a utilizar los recursos sobrenaturales que caracterizan su filmografía, construyendo una historia de ritmo constante y fácil de seguir. Si bien no cuenta con grandes sorpresas o de una identidad particularmente innovadora, el correcto manejo del suspenso, el aprovechamiento de los recursos disponibles y el compromiso de su elenco la convierten en una opción recomendable para quienes disfrutan del cine de terror independiente y de las historias donde los rituales, la culpa, los secretos y el ocultismo se entrelazan.



