Ser científico debe ser complicado: llegar al descubrimiento que cambie el mundo, usualmente es a costas de que otros la usen para demostrar su poder. Esta es la historia de uno de esos momentos. Oppenheimer es el film escrito y dirigido por Christopher Nolan que llegó a los cines el 20 de julio (el mismo día que Barbie).

Como su nombre lo indica, la película se centra en la vida y figura de J. Robert Oppenheimer (Cillian Murphy), el físico teórico que lideró el Proyecto Manhattan, que desarrolló las bombas nucleares utilizadas en Hiroshima y Nagasaki, causando cientos de miles de muertos. Por su parte, también conocemos a Lewis Strauss (Robert Downey Jr.), ex presidente de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos, en su audiencia frente al Senado para intentar ser aceptado como Secretario de Comercio.
Bien al estilo de Nolan, ambas historias se entrelazan en una trama de intriga y tensión que se retroalimenta a medida que pasan los minutos -180, o sea, tres horas-. Tranquilamente se puede afirmar que el guion es una bomba atómica que sabe explotar en el momento justo, dejando caos y destrucción a su alrededor. Cabe aclarar que existe el peligro de que demasiado diálogo técnico pueda resultar pesado, pero eso queda a criterio del espectador.
Algo que ayuda a esta cinta ser lo que es, es el talentosínimo y renombrado ensamble, que cuenta con varias sorpresas agradables. Pero los protagonistas son de otro planeta; desde Cillian Murphy, con una fría y calculadora interpretación del físico, su química con un increíble Matt Damon -que mejora de un papel a otro-, hasta el gran despliegue de talento de Robert Downey Jr, demostrándole a las nuevas generaciones que es más que sólo Tony Stark (muchos lo sabíamos desde Chaplin, pero el recordatorio no viene mal). Quienes quedan un poco relegadas, pero tienen su momento de gloria son las mujeres protagónicas; tanto Emily Blunt como Florence Pugh se lucen en sus roles, pero por culpa del guion no se muestran demasiado.

Asímismo, desde el punto de vista técnico, la cinta es una obra maestra. El diseño y mezcla de sonido es de una perfección tal -digna de premio Oscar- que es necesario una sala de cine con un buen sistema para que la experiencia inmersiva del film valga la pena. Lo mismo se puede decir en materia visual, hay texturas en los elementos, como el fuego, que se destacan ante el sobrio uso de simples planos y una combinación entre blanco y negro y color.
A todo esto, y como para terminar, hay que remarcar un detalle muy argentino que es la presencia de un cuadro del General San Martín en la oficina del presidente Harry S. Truman. Es muy breve, pero históricamente fascinante.
El film no ahonda en debates éticos sobre el costo humano de este descubrimiento científico. Al contrario, los reabre para el espectador.Y aunque en Oppenheimer, Nolan muestra el arrepentimiento posterior del líder del Proyecto Manhattan y que nunca fue un santo en su vida privada, es imposible negar que lo logrado tuvo repercusión en todo el mundo. Lo cambió explosivamente en un abrir y cerrar de ojos.
Calificación
Dirección
Montaje
Arte y Fotografia
Música
Actuación
Oppenheimer es una obra maestra visual y sonora. Con excelentes actuaciones, Nolan logra, una vez más, hacer Cine con C mayúscula.



