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Lengua extranjera. Crítica a Vacío, de Paúl Venegas

“Vacío” (2020) de Paúl Venegas es una película que narra la historia de Wong y Xiao Lei, dos jóvenes provenientes de China que arriban clandestinamente a Ecuador.

La película es una coproducción entre Xanadú Films (Ecuador), La Suma Cine TV (Uruguay) y Murillo Films (Colombia). Por su guión, resultó ganador como mejor proyecto en el Festival Internacional de Cine de Pekín. También ganó como mejor largometraje en el Quinto Festival Internacional de Cine de Guayaquil. Además fue seleccionada para ser exhibida en el Festival Internacional de Cine de Busan y fue seleccionada para representar a Ecuador en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. 

“Vacío” relata la historia de Xiao Lei y Wong, dos jóvenes que viajan desde Shenzehn y arriban ilegalmente a la ciudad de Guayaquil (Ecuador) con el objetivo de cumplir sus sueños. Ella sueña con llegar a Nueva York para abrir una peluquería mientras que él anhela con traer a su hijo de China. Pero el destino de ambos está en manos de Chang, un mafioso que se obsesiona con la muchacha. En su afán por poseerla, crea una serio de conflictos que los protagonistas deberán sortear para lograr su libertad. 

En las primeras escenas existe una supremacía del claroscuro. Se trata de un interesante trabajo con la luz en tanto acentúa las siluetas de los cuerpos que la oscuridad fagocita. De pronto, desde afuera del barco en que los personajes llegan a Ecuador, se escucha el sonido de las sirenas y la tímida luz que se filtra por las ranuras del barco, da paso a los reflectores. Al abrirse los compartimentos, hombres y mujeres salen huyendo de la Ley. Este es el inicio de una historia cuyos protagonistas son extranjeros que aprende, lejos de su tierra y hogar, que escapar es una sensación difícil de explicar. Una vez instalados, el proceso de adaptación implica aprender y resignificar lo sabido. En principio, adoptar una lengua, haciendo suya también una cultura nueva; luego, llegará el momento de ver qué conservar de lo sabido y qué adoptar de lo nuevo. Así, por ejemplo, Lei resignifica el modo en que hombres y mujeres se vinculan. Busca equidad, busca ser su dueña.      

La atmosfera de tensión se desarrolla a medida que los personajes se confiesan: alguien comenta que su destino también había sido fue Nueva York pero lleva cuatro años sin poder marcharse; Wong confiesa que su supuesto hermano es, en realidad, su hijo. Lei utiliza sus encantos para agilizar los trámites de su viaje. No obstante, es el Sr. Lu quien ata los cabos de la trama, ayuda a liberarlos llevando la tensión a su pico máximo con tal solo mencionar una palabra: mulas. Si Chang es el oponente, el Sr Lu actúa como ayudante. En otras palabras, se teje una red invisible que atrapa, por ejemplo, a Lei apenas iniciada la película: al salir del barco, ella escapa de los controles, pero basta con llegar a la terminal de buces para que un policía la reconozca y la lleve con Chang.  

Persecuciones, escapes y pasaportes adulterados. Es la experiencia vista desde los ojos de un extranjero. En cuanto al guión (Paúl Venegas junto a Carlos Terán Vargas), este resalta por esa mezcla armoniosa que logra con los idiomas: mandarín, inglés y castellano. Lenguas que se mezclan, se contraponen y, por momentos, se desvanecen. Adquirir una nueva lengua constituye un desafío y una oportunidad puesto que posibilita una nueva configuración del sujeto. En este sentido, hablar una nueva lengua es sinónimo de renacer. Así, al cambiar de lugar y de lengua, hay algo de ellos mismos que se marcha; de allí la nostalgia. Es cambiar de mundo, estando más cerca de uno mismo. No obstante, si bien es cierto los hechos transcurren en la ciudad de Guayaquil, existe una comunidad, un espacio donde almacenar las costumbres y la lengua. En este caso, ese ámbito es el hogar del Sr. Lu donde los protagonistas ejercitan la escritura y comparten comidas y prácticas culturales comunes.

En suma, el trabajo de Venegas pone el acento en la experiencia de la partida articulando tres elementos importantes: el deseo, la nostalgia y el vacío. Sentimientos que trazan, en clave fílmica, el derrotero que los personajes transitan. Sus objetivos los llevaron a abandonar su tierra, sus afectos y su propia lengua, pero también les permiten transformarse en seres del mundo. La libertad, en definitiva, es algo que se tiene o no se tiene. Viajes, desplazamientos y zonas de tránsito: todo tiene un costo. Y la libertad no iba a ser una excepción.

 

Actuación - 90%
Arte - 80%
Fotografía - 80%
Guión - 100%
Música - 80%

86%

Una película con persecuciones, escapes y pasaportes adulterados. Sin dudas, una gran experiencia fílmica en tanto ofrece la mirada sobre los hechos adoptando la perspectiva de un extranjero.

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Juan Paez

Licenciado en Letras. Realizó numerosos cursos de periodismo entre los que se destaca un Posgrado Internacional en Escritura: creatividad y comunicación (FLACSO). Sus artículos se publicaron en diferentes medios nacionales e integraron publicaciones internacionales.

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