“La hermanastra fea” de Emilie Blichfeldt. Crítica.

Estreno en MUBI

Estrenada el viernes pasado en MUBI, La hermanastra fea marca el debut como directora de Emilie Blichfeldt y lo hace con una propuesta que no pasa desapercibida. La película tuvo su recorrido por los festivales de Festival Internacional de Cine de Berlín y Festival de Sundance, y, además, fue nominada al Oscar en la categoría de Mejor Maquillaje y Peluquería. El film toma el universo de Cenicienta y lo lleva hacia un terreno completamente distinto: oscuro, explícito, incómodo y bastante más complejo de lo que uno podría esperar de esa historia.

Acá no hay cuentos de hadas, o mejor dicho, hay uno, pero completamente deformado. La historia se centra en Elvira (Lea Myren), la hija mayor de Rebekka (Ane Dahl Torp), una joven frágil y lejos de los estándares de belleza de su entorno, que busca conquistar al príncipe (Isac Calmroth). En la casa conviven también Alma, su hermana menor (Flo Fagerli), y Agnes (Thea Sofie Loch Næss) —una especie de Cenicienta que tampoco tiene demasiado de inocente—. Pero todo gira alrededor de Elvira y del camino al que es empujada. Un recorrido donde el deseo propio se mezcla con la presión asfixiante de una madre que ve en ese posible matrimonio una salida económica.

La idea de belleza no aparece como algo aspiracional sino como una imposición brutal. No se trata solo de verse bien, sino de pertenecer, de escalar. Y en ese contexto, donde aún no hay avances tecnológicos ni nada que suavice los procesos, esa transformación física se vuelve extrema y dolorosa… literalmente. En línea con eso, el trabajo de maquillaje —justamente el aspecto que le valió al film la nominación al Oscar— es clave. Prótesis, mutilaciones, sangre y cuerpos que se modifican y se deterioran forman parte de un universo visual muy marcado, que construye un clima lúgubre y por momentos directamente perturbador.

El elenco acompaña muy bien la propuesta sosteniendo personajes cargados de ambigüedad, donde no hay lugar para lo angelical. Nadie es del todo bueno acá. Todos operan desde sus propias miserias, deseos y frustraciones, y la película no busca suavizar eso, sino todo lo contrario, lo expone y lo lleva al límite.

La hermanastra fea no es una película cómoda. Tampoco busca serlo. Es una relectura que agarra un relato conocido y lo retuerce para hablar de algo actual: la presión por encajar, por alcanzar ciertos estándares y el costo que eso implica.

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