Tras su estreno en salas de cine de la mano de MUBI y MACO Cine, Fue solo un accidente se aproxima a su llegada a la plataforma de streaming. Este nuevo trabajo del director iraní Jafar Panahi marca un nuevo capítulo en la obra de un cineasta que desde hace años filma en la clandestinidad y es perseguido por el régimen que gobierna su país natal. El film ya ostenta varios premios, entre ellos la Palma de Oro a la mejor película en la última edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. Además, fue elegida por Francia como representante ante los Premios Oscar en la categoría de mejor película internacional, cuyas nominaciones se conocerán el próximo 22 de enero a las que aspira lograr varias otras menciones como mejor película, dirección y guion original. Más allá de los reconocimientos, la película reafirma el compromiso del realizador con un cine que entiende lo personal como político y la experiencia cotidiana como un territorio de resistencia.

Luego de sufrir un pequeño accidente con el auto familiar, Eghbal (Ebrahim Azizi), padre y conductor del vehículo, se acerca a un garage para pedir ayuda. Lo que parece un hecho menor se convierte rápidamente en un punto de inflexión. Allí, Vahid (Vahid Mobasseri), uno de los trabajadores del lugar, lo observa desde lejos como si lo reconociera. Tras la reparación, la familia se retira, pero Vahid decide seguirlos para averiguar dónde viven. Al día siguiente pone en marcha un plan extremo: secuestra a Eghbal, convencido de que se trata de uno de sus torturadores durante una detención tras una protesta social. Sin embargo, el paso del tiempo y el diálogo siembran dudas. Para despejarlas, Vahid contacta a otros ex detenidos que puedan ayudarlo a confirmar la identidad del hombre. A partir de allí, el film se transforma en una suerte de road movie urbana, atravesada por momentos de tensión, silencios incómodos y toques de humor muy sutiles.

Panahi vuelve a optar por una puesta en escena austera, casi invisible, en la que la cámara acompaña de cerca a los personajes, con una cercanía que remite al registro documental. Esta aparente sencillez formal encierra un trabajo preciso sobre el fuera de campo y los silencios, elementos centrales para sostener una tensión constante. Lo que no se dice, lo que se evita nombrar y mostrar, adquiere tanta importancia como aquello que se ve en plano.

Fue solo un accidente es una obra sobria y contundente, que confirma a Jafar Panahi como una de las voces clave del cine contemporáneo. A partir de un relato aparentemente simple, el director construye una reflexión profunda sobre la vida bajo opresión y la fragilidad de los vínculos humanos. Un film que, fiel a su autor, encuentra en lo mínimo una enorme potencia expresiva.




