El mal llegó al Festival de Mar del Plata con una premisa que, en papel, promete. Una periodista que recibe la propuesta de escribir un libro sobre “el mayor asesino de la historia” y, en ese proceso, empieza a enfrentarse a zonas de sí misma que preferiría no mirar. La historia se mueve entre la ambición personal, el morbo social y esa oscuridad que todos llevamos un poco escondida, o al menos eso intenta plantear.

La película tiene una atmósfera cuidada y un arranque que invita a entrar en su juego, apoyándose en la presencia de Natalia Tena, Belén Fabra y Tony Dalton, quienes hacen lo posible por darle cuerpo a personajes que no terminan de cerrar. Hay ideas interesantes, pequeños destellos que parecen prometer una tensión psicológica más profunda.
Sin embargo, a medida que avanza, la narración empieza a apoyarse demasiado en sugerencias que no siempre encuentran un punto. Esa búsqueda de misterio permanente le da un tono particular, aunque también la vuelve un poco distante, como si lo verdaderamente inquietante nunca terminara de revelarse. Uno intuye hacia dónde quiere ir, pero la ruta se siente algo difusa.

En definitiva, El mal es una película que tiene un concepto potente y una intención clara, pero cuya ejecución quizás no termina de conectar del todo. Es de esas obras que parecen quedar a un paso de algo más grande, más contundente. Aun así, puede resultar intrigante para quienes disfrutan de historias que se mueven en lo ambiguo y lo sugerido.




