“El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas”, de Alejandro Hartmann. Netflix. Crítica

Política, farándula, fiesta, mucha costa y un crimen que marcó un antes y un después de una época en Argentina

El 19 de mayo se estrenó en Netflix “El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas”, de Alejandro Hartmann (Carmel: ¿Quién mató a María Marta?). El documental ya se había estrenado mundialmente el pasado 22 de abril, en el BAFICI, edición 2022.

Quienes hemos vivido o crecido en los 90s, notaremos que, desde las primeras imágenes, el documental nos remonta a un tiempo en la que la política argentina era sinónimo de crímenes oscuros y poco resueltos, relacionados a la corrupción y a la mafia; crímenes terribles, de los que se solía hablar muy seguido en los programas de televisión de la época, aunque en forma muy retorcida, críptica y poco clara…

El fuego se hace presente en la pantalla, en el medio de lo que parece ser un descampado. Paralelamente, a través del testimonio del exgobernador y expresidente Duhalde, nos damos cuenta de que se trata: del “caso Cabezas”. Este documental analiza el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas de la Revista Noticias: un crimen que conmocionó a toda la Argentina y que se conformó como un puntapié para comenzar a destapar una gran conspiración política y financiera.

Con una narración al estilo de una crónica policial en la que nos vamos enterando poco a poco del orden de los hechos, de los diversos/as sospechos/as, de las pruebas y de las teorías que se fueron lucubrando alrededor del crimen hasta llegar al esclarecimiento de lo sucedido, ““El fotógrafo y el cartero” nos ofrece un retrato de un época muy oscura de nuestro país, en la que farándula y decisiones políticas parecían entremezclarse.Todo lo que se muestra en el documental en torno al crimen de Cabezas resulta un medio para evidenciar una esfera política sustentada en un “show” que no hizo más que entretener a la población para ocultar sucesos siniestros que en cierta forma conformaban la continuidad de ciertas lógicas relacionadas a la última dicatdura. Tal como nos muestra el documental, el crimen de Cabezas fue “ejemplar”, particularmente para quienes intentaran desbaratar lo siniestro, puesto que se podía correr la misma suerte…

El documental maneja un excelente trabajo de edición en el que las entrevistas realizadas especialmente para el filme desde su pespertiva actual, se entremezclan con lo que se decía en la época en las calles, lo que relataba la gente allegada a Cabezas y los personajes de la política argentina de la época. Los diferentes relatos resultan un contrapunto que tensa pasado y presente. La imagen icónica de Cabezas nos acompañará todo el documental, junto con una trabajo de archivo televisivo impecable. Dentro de ese archivo principalmente, se destacan las imágenes de fiestas de la costa de la época, principalmente Pinamar, sitio donde parecían tomarse muchas de las decisiones que cambiarían el destino político y económico de Argentina. Aunque el documental parece ir y venir va a través de la cronología de los hechos, contruyendo un relato capaz de entremezclar pasado y presente, eso no hace que se pierda el hilo, puesto que el montaje logra proponer una propia lógica donde se presentan imágenes que nos teletransportan anacrónicamente a la sala de revelado de Cabezas, donde la luz roja de la misma sala nos retrotrae a cómo desvelar y “revelar” la verdad puede tornarse en sangre. El ritmo que logra el documental junto con una musicalización precisa con un tono emocional, completan un montaje que logra atrapar al espectador y le espectadora hasta el final.

A 25 años del crimen de Cabezas, más allá del afán por evidenciar la corrupción y la oscuridad  hacia fines de los 90s y de mostrar cómo el caso influyó en la definición de algunos de los hechos políticos y sociales que devinieron en los siguientes años en nuestros país, nos recuerda la importancia mantener viva la memoria. Si bien el espectador y la espectadora puede estar de acuerdo o no con la hipótesis del crimen que presenta “El fotógrafo y el cartero”, el documental construye un relato potente y al mismo tiempo, correcto, apropiado y acertado permitiéndonos alzar la voz una vez más para volver a decir: ¡No se olviden de Cabezas!”.

FICHA TÉCNICA:

Dirección: Alejandro Hartmann. Guion: Tatiana Mereñuk, Gabriel Bobillo y Alejandro Hartmann. Fotografía: Alejandra Martín. Edición: Santiago Parysow. Diseño de arte: Mariela Rípodas y Catalina Oliva. Sonido: Martín Grignaschi. Música: Leo Sujatovich. Producción: Vanessa Ragone (Haddock Films). Producción ejecutiva: Vanessa Ragone, Mariela Besuievsky y Alejandro Hartmann. Duración: 105 minutos.

Dirección
Guion
Arte y Fotografia
Música
Montaje

Calificación

En general, el documental logra retratar una época de Argentina, haciendo reflexionar al espectador y la espectadora

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