Si su director, Jeremias Magnaghi Rudy, no nacía en Lanús ni se formaba como Licenciado en Audiovisión en la UNLA (Universidad Nacional de Lanus), hoy no tendríamos esta perla fílmica de Ciencia Ficción del conurbano en la pantalla grande. El cinturón de Olivia nos plantea la situación de los universos distintos que por un hecho circunstancial astronómico se cruzan unos con otros.
Con la amistad como bandera y con la cotidianidad y la idiosincrasia típica del conurbano bonaerense, estos tres amigos descubren que pueden “saltar” esos universos cada vez que el azar interfiere en las decisiones que van tomando.

Cada suceso puesto al azar modifica al anterior y corre en un universo paralelo, parecido pero con personas y situaciones distintas. Sobre esa premisa transcurre el film que mezcla esta teoría científica cuántica. Muy bien explotada en el universo de los Cómics, primero en DC, hoy ya más popularizado con Marvel y sus películas para el espectador más alejado del mundo geek. De hecho, con siete años, el director leyó “Crisis en Tierras Infinitas”, la historieta más icónica de la temática que en los años 80-90 copaba gran parte del mercado argentino. El se declara fan y le hace gran honor con este trabajo.

La historia comienza con una pequeña Olivia que disfruta del cielo en una noche bonaerense mientras la mamá con un telescopio le enseña de constelaciones y entre ellas le muestra el cinturón de Orión. Vemos el mismo escenario pero con Olivia ya adulta y apesadumbrada por algo mientras aparecen algunos recuerdos de su niñez acompañando a su mamá al trabajo en una agencia aeroespacial. Está estudiante de astrofísica, muy bien interpretada por Agustina Cabo, estaba observando un evento astronómico muy particular mientras, Enzo y Gigi, sus amigos, la convencen de ir a una fiesta justo en esa noche.

Manuel Ramos como Enzo ocupa el rol más cómico en esta terna de amigos. Más que aprobado para el oriundo de Rafaela (Santa Fe). Completa la tríada, Gigi, interpretada por Carolina kopelioff quién tiene el papel más difícil porque le toca “cruzarse” con su yo de otro universo. En ese sentido los tres logran captar las distintas construcciones de los personajes. La buena relación que tienen por fuera de la ficción hace que las situaciones se sientan verosímiles. Ese feeling y los roles típicos que se adoptan dentro de un grupo de amigos se sienten. Eso es una de las claves del largometraje la emoción y los sentimientos por los que pasan le llegan al espectador.

Bajo la órbita del Eternauta, aunque diste del presupuesto al ser una película independiente, capta la esencia de lo nacional, lo fantástico y las relaciones humanas que disputan el bien individual frente al grupal.
Una película muy bien lograda y con un cierre. Algo destacable para un film con está temática. La experiencia nos dice que esto suele ser el error que más se comete. No es el caso y lo logra con soltura, nada parece forzado.
La expectativa que generó hasta ahora y lo bien que fue recibida en los festivales donde se presentó hacen querer más de este tipo de historias. Ojalá que suceda y por supuesto que sea en este universo.



