Hace cuarenta años, la dictadura militar argentina decidió cerrar la mina de azufre ubicada en el remoto paraje salteño de “La Casualidad”. Se clausuró una fuerza de trabajo, y con ella un pueblo entero. Los obreros azufreros, fueron despedidos sin consulta, sin alternativas, sin hogar al que ir. Como si se los hubiera arrancado de raíz, cual planta de su tierra.
El documental “Qué no daría por el recuerdo”, dirigido por Tito Pereira, reconstruye la historia de La Casualidad a través del regreso de los antiguos habitantes al pueblo que alguna vez fue suyo. La cámara acompaña a quienes fueron niños en ese pueblo, quienes dejaron allí sus muertos, su infancia, adolescencia y comunidad.
El cierre de la mina fue una decisión económica tomada por José Alfredo Martínez de Hoz, ya que importar azufre de Japón era más barato. Esa lógica redujo a cenizas un modo de vida entero. El desmantelamiento empezó en 1976, en los albores de la dictadura. Sin consultar a los azufreros.

Hoy, La Casualidad está en ruinas. Las casas, ahora son escombros. Los recuerdos están ocultos bajo la tierra acumulada por el abandono. “Como si hubiesen tirado una bomba”, dice una de los entrevistadas. Y es que la destrucción fue una operación que desarticuló vidas, desintegró lazos, y los expulsó hacia ciudades como Salta, Córdoba o Buenos Aires, donde todo era distinto, donde ya no eran parte de nada.

La película alterna imágenes de las ruinas con las voces del pasado. Hay recuerdos que duelen, otros que brillan con la niñez: los autos de juguete, el cine del pueblo, las historias de fantasmas. Porque, como cuentan esos niños, allí todo era comunitario.
Desde 2003, cerca del día de la virgen, estas infancias vuelven a su tierra. Caminan entre ruinas, buscando sus marcas, sus casas y rememoran a sus muertos. Estas voces no olvidan, su recuerdo persiste.





