Albert Serra nos presenta “Tarde de Soledad”, su más reciente obra que abarca una mirada rigurosa, realista, estética y cruda sobre la tauromaquia. Ganadora de la Concha de Oro en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2024, este film tiene ese sello autoral de Serra: un cine contemplativo, exigente, que privilegia la duración, el silencio y la densidad del tiempo por encima de cualquier concesión narrativa.
Rodado a lo largo de tres años, el documental se centra en el torero peruano Andrés Roca Rey (una de las figuras más convocantes del toreo actual) y su ritual por el cual atraviesa en cada presentación. Desde la preparación minuciosa del traje de luces, los trayectos en minivan con la cuadrilla, las conversaciones apenas susurradas antes de salir al ruedo, el recogimiento íntimo que antecede a cada espectáculo. Serra no construye una biografía ni una crónica de temporada; sino una presentación cinematográfica que observa.

Las tomas nos muestran tan solo algunos escenarios; La minivan en donde los protagonistas se encuentran antes o después de cada función, allí lo que abarca es el tiempo, el silencio y el nerviosismo. Luego está el escenario principal, en donde el torero y el toro se encuentran cara a cara, la presión invisible de la tradición y la mirada pública son el gran foco de esta escena. El torero aparece como una figura esencialmente solitaria, atrapada entre el ritual heredado y la exposición contemporánea. El toro (habitualmente reducido a función dramática dentro del espectáculo), adquiere una presencia frontal. La cámara registra la sangre, la arena, los estertores y la agonía del animal sin eludir su crudeza. Serra no estetiza la violencia para volverla amable, sino que la integra como parte inevitable del rito. En ese gesto radica buena parte de la potencia y la incomodidad del filme.
Con polémicas establecidas sobre lo que significa la tauromaquia y la representación en el cine. Serra no pretende crear una película con una narrativa tradicional sino crear un film que muestre una realidad, en donde cada tarde en la plaza puede ser la última. Serra filma esa conciencia de lo efímero con una austeridad que convierte lo ritual en materia filosófica. El duelo entre hombre y animal, entre tradición y sensibilidad contemporánea, todo aquello no se enuncia, se muestra.

El resultado es una obra de valor artístico que no toma partido explícito, pero tampoco neutraliza la complejidad moral de aquello que presenta. “ Tarde de Soledad” exige del espectador una posición activa: mirar sin distracciones, sostener la incomodidad, habitar el silencio. En esa exigencia reside su fuerza. Serra no filma la tauromaquia como espectáculo, sino como experiencia límite, donde arte, sacrificio y muerte conviven bajo la misma luz implacable del Albero (ruedo de plaza de toros).




