Más que un documental, esta obra de Alberto Masliah funciona como un homenaje hacia una de las activistas más importantes para la comunidad Afro-argentina. María Magdalena “Pocha” Lamadrid atraviesa toda la obra incluso en ausencia. Su presencia emerge en fotografías, recuerdos y relatos que reconstruyen una vida marcada por la discriminación, pero también por una extraordinaria capacidad organizativa. La película recuerda a una mujer que dedicó gran parte de su existencia a censar afrodescendientes, fundar organizaciones, denunciar el racismo estructural y abrir caminos para futuras generaciones. Su historia personal revela, además, las contradicciones de un país capaz de homenajearla simbólicamente mientras la mantenía en condiciones de precariedad económica y social.

Luego de su obra “Negro che: Los primeros desaparecidos” (2006) ; Masliah vuelve a encontrarse con muchos de aquellos protagonistas. El paso del tiempo es visible en los rostros, en los cuerpos y en las historias personales, pero también en las transformaciones de una lucha que continúa vigente. La cámara observa cómo nuevas generaciones se suman a un legado construido por referentes como Pocha, mientras los viejos reclamos por reconocimiento, representación y justicia siguen resonando en la sociedad argentina.
Uno de los mayores aciertos del documental es comprender que la música no es solamente una expresión artística sino también un archivo vivo. Los candombes, las canciones y los encuentros comunitarios aparecen como espacios donde sobreviven historias que durante décadas fueron silenciadas. En este sentido, la película evita caer en el tono celebratorio vacío y encuentra una dimensión política poderosa: cada ritmo interpretado, cada ensayo y cada testimonio desafían la narrativa de una Argentina supuestamente blanca y europea.
Desde lo cinematográfico, Masliah apuesta por una puesta en escena sobria. Sin la necesidad de tener grandes efectos especiales, la fuerza del film proviene de los testimonios y de los momentos musicales, que adquieren un valor emocional particular al estar atravesados por la conciencia del tiempo transcurrido. La película encuentra su potencia precisamente en esa combinación entre documento histórico y homenaje íntimo.

“Negro che, Negro usted. Quince años después” es una obra necesaria porque recupera voces que durante demasiado tiempo fueron marginadas. Pero también porque demuestra que la memoria no es un ejercicio pasivo de evocación, sino una práctica activa de resistencia. Allí donde la historia oficial intentó borrar, el documental responde con canciones, rostros y relatos. En definitiva, la película de Masliah no solo honra la promesa hecha a Pocha Lamadrid: la transforma en una declaración política sobre la identidad Afro-argentina y sobre la importancia de seguir escuchando aquello que aún se resiste a ser silenciado.




