En este largometraje nos adentramos en la visita a Buenos Aires de un histórico baterista de blues, Tony Colman, quien regresa para reencontrarse y conmemorar viejas amistades, en especial con el legendario Pappo, y para recorrer una ciudad con la que mantiene un vínculo especial
El regreso tiene una fuerte carga simbólica. Se cumplen 33 años de aquella noche del 10 de agosto de 1993 en el Madison Square Garden, cuando Coleman compartió escenario con B.B. King y Pappo a tocar junto a ellos. Décadas después, el recuerdo del Carpo permanece intacto. Coleman llegó a considerar a Pappo como un hermano, una definición que resume una relación artística y humana que logró trascender las fronteras y el paso del tiempo.

El largometraje está construido desde la simpleza. La cámara acompaña a cada personaje desde un lugar de vulnerabilidad y honestidad, permitiendo que los vínculos se expresen de manera natural. Allí aparece uno de los mayores aciertos de la película: la genuinidad de una amistad que no necesita ser explicada constantemente, porque se percibe en los gestos, en las palabras y, sobre todo, en los recuerdos compartidos.
Coleman no es un baterista más. Es una leyenda viva del blues y un músico con más de cuatro décadas de trayectoria en escenarios de todo el mundo. Durante 20 años fue el baterista de B.B. King, experiencia que le permitió desarrollar un estilo caracterizado por la potencia, la precisión y una profunda sensibilidad musical. Sin embargo, la película no se enfoca en construir el retrato de una estrella sino mostrar al hombre detrás del músico.
Su vínculo con la Argentina tuvo uno de sus capítulos más significativos junto a Pappo en “Tributo a B.B. King”, el show en vivo registrado en Buenos Aires en noviembre de 2004, pocos meses antes de la muerte del músico argentino. Aquel trabajo se convirtió en un testimonio de la hermandad entre el blues argentino y el norteamericano, pero también en un registro particularmente emotivo de una relación que excedía lo estrictamente musical.

Uno de los aspectos más interesantes del documental aparece cuando Coleman aborda una problemática histórica: las desigualdades que atraviesan los músicos negros de blues en Estados Unidos. Su mirada pone en palabras una contradicción dolorosa: artistas negros que transmitieron y enriquecieron una tradición musical muchas veces no recibieron el mismo reconocimiento, éxito o beneficio económico que otros músicos que tomaron ese legado y llegaron a ocupar un lugar central en la industria.
En ese sentido, la mirada de José Celestino Campusano no parece buscar una explicación cerrada, sino dejar que Coleman exponga su propia experiencia. El director toma esa verdad personal y la convierte en parte esencial del relato, permitiendo que la voz del músico tenga el peso suficiente para plantear una problemática que sigue vigente.

En definitiva, el largometraje encuentra en el regreso de Tony Coleman a Buenos Aires una oportunidad para reconstruir recuerdos, amistades y una parte fundamental de la historia del blues. Con Pappo como una figura importante que simboliza una hermandad que superó toda frontera. A través de una mirada íntima y sincera, José Celestino Campusano permite que Coleman reflexione sobre su propia trayectoria y sobre las desigualdades que marcaron al blues. Así, la película se convierte en un emotivo encuentro con el pasado y en un reconocimiento a quienes hicieron de este género una expresión cultural que continúa resistiendo y trascendiendo generaciones.




